La historia de un juego de aristócratas: el bacará

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Pablo Edronkin

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Hasta la propia iglesia se dedicó brevemente a obtener dinero de los juegos de azar y permitió que los naipes y los dados empezaran a florecer abiertamente.

El bacará es un juego clásico que fuera inventado ya hace muchos siglos, en momentos en los que Europa dejaba atrás la gran peste negra, el sistema feudal y la edad media. Particularmente después de la catastrófica epidemia del siglo XIV, que acabó con la vida de más de cincuenta millones de personas en unos pocos años - la mitad de la población mundial - la visión de la gente sobre el mundo cambió.

La peste negra fue una combinación particularmente letal de la peste bubónica (Pasteurella pestis) común, que de por sí es sumamente infecciosa y peligrosa, con otras dos variantes aún peores: la neumónica, prácticamente letal en todos los casos, y que se conoce en la actualidad, y una tercera, neurológica y septicémica que no tiene parangón en la historia y parece haber sido única y exclusiva de ese entonces; la enfermedad, que empezara en Asia central y luego se propagó hasta Europa, destruyó las bases de sociedades enteras, su economía y hasta sus fuerzas militares. La gente, desesperada, trataba de buscar toda clase de respuestas al tiempo que también, por todos los medios, trataban de olvidar lo que les sucedía con juegos prohibidos y la sátira novelesca como el Decamerón; la peste negra fue el evento de destrucción masiva de la especie humana más agudo y profundo que se conoce y por supuesto, esta situación precipitó un cambio de paradigma.

Como ocurre muchas veces, las autoridades, tanto civiles como eclesiásticas, los acaudalados y todos los que poseían medios, huían de las ciudades hacia el campo tras observar que en algunos casos la mortandad superaba con creces al cincuenta por ciento de los habitantes de las zonas urbanizadas. En el campo, salvo en algunas regiones aisladas de lo que hoy en día es el este de Alemania y Polonia (Silesia), la plaga no fue menos mortífera, pero los siervos y los hombres libres quedaron totalmente desmoralizados al ver que aquellos líderes que poco antes les golpeaban en las cabezas con tal de quitarles un poco más de monedas en concepto de impuestos, probaban ser los más cínicos y cobardes, cosa que también por supuesto, no parece haber cambiado hasta nuestros días y falta recordar aquella película en la que el Dr. Strangelove analiza de qué manera construir un nuevo mundo después del Apocalipsis para entrever qué es lo que pensaba el ser humano medieval al sentirse abandonado a su suerte.

Ciertamente que esos que huyeron volvieron más tarde a reclamar su anterior poder político, pero las cosas ya habían cambiando, y es gracias al mismo cambio que produjo desde juegos como el bacará hasta la imprenta lo que sacó a Europa de la edad oscura, no gracias a las decisiones políticas sino a pesar de ellas, prueba de que la política no es nada bueno ni provechoso, sino un inevitable hecho de la vida como el estiércol.

En una Europa dominada hasta entonces por el teocentrismo, la desesperanza producida por la peste negra, la falta de respuesta a las plegarias que se hicieron a Dios prácticamente como única solución apreciada en aquel entonces - recordemos que la medicina tenía muy poco desarrollo en la cultura occidental de aquel entonces -, y la huída de clérigos, nobles y monarcas, hizo que la gente adoptara valores diferentes y opuestos a los que existían hasta entonces.

Una vez superada la situación de supervivencia impuesta por la epidemia había que reconstruir la sociedad y era necesario recaudar impuestos: prácticamente lo único que dejaba dinero entonces era el juego y por lo tanto, hasta la propia iglesia se dedicó brevemente a obtener dinero de los juegos de azar y permitió que los naipes y los dados empezaran a florecer abiertamente; y como las trabas morales relacionadas las apuestas y los juegos de azar, a causa de la nueva visión de la población acerca del mundo y la vida que valía la pena empezar a disfrutar en vez de pasarla con rezos inútiles, estos juegos se hicieron extremadamente populares.

En cada pueblo, cada ciudad, y hasta cada familia, los mazos de cartas eran diferentes, las reglas cambiaban y las cosas se complicaban bastante. Y mejor no imaginar lo que sucedía cuando algún apostador pensaba que su rival no estaba siendo honesto, cosa que por supuesto podía ocurrir muchas veces, cuando uno de los participantes del juego era forastero y no conocía del todo bien las reglas aplicables a la baraja en particular con la que se estaba jugando.

Las riñas aparecían con frecuencia, simplemente porque algún jugador o apostador creía que le estaban haciendo trampa, y los salones de juego eran por lo tanto, de dudosa reputación y bastante peligrosos. Incluso un ganador honesto podía encontrar dificultades para sobrevivir lo suficiente como para recolectar su nueva fortuna y salir por la puerta del local.

Precisamente, la aparición de reglas estandarizadas a gran escala gracias a la impresión masiva de mazos de cartas ayudó posteriormente al surgimiento de los casinos y los salones de juego serios y respetables, en los cuales no ocurren nunca confusiones extrañas.

Los juegos de naipes se hicieron bastante populares entre la aristocracia europea, como entretenimiento de sobremesa; fue en Italia donde se originó el Baccarat durante las primeras etapas del renacimiento y como parte de una nueva visión humanística y cultural, pues hasta ese entonces, el juego estaba no solamente prohibido, sino moralmente mal visto.

Pero el final de la edad media produjo muchos cambios, y una cosa fue llevando a la otra; particularmente fue importante en este aspecto la etapa posterior a la peste negra que asoló Europa a mediados del siglo XIV. Una vez concluido este períodos, los importantes cambios sociales y económicos, el inicio de grande navegaciones y viajes de exploración y el deseo de innovar y aventurarse, cambiaron a la cultura occidental para siempre. No es de extrañar entonces que los italianos, que propulsaron mayormente estos cambios, también fueran de los primeros en redescubrir los juegos y los entretenimientos.

Poco a poco fueron emergiendo unos pocos como uno que se desarrolló entre la aristocracia italiana, y que hoy en día conocemos como bacará o baccarat. Este juego fue difundido prontamente por todo el continente europeo gracias a los comerciantes y mercaderes, y es así como llegó a nuestros días.



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