Las apuestas y el uso del dinero son tan antiguos como la civilización, y algo más, como prueba la evidencia arqueológica. Uno de los elementos utilizados desde el paleolítico por su valor estético y ornamental es el ámbar, que también se utilizaba mucho como medio de pago, particularmente durante la edad del bronce.
Probablemente esto se debía a que el ámbar es relativamente fácil de trabajar, pues es mucho más frágil que las piedras habituales. Su coloración es bastante variable y en general se considera que cuanto más traslúcido sea, mayor valor tendrá la piedra.
El ámbar es el producto de la fosilización de la resina de coníferas que desde hace más o menos unos cincuenta millones de años hasta hace no tanto tiempo, producían mucha más resina que en la actualidad. Aristóteles y Teofrasto fueron de los primeros en describir el ámbar, del cual ya tenían una clara idea acerca de su naturaleza. Cuando los árboles se lastimaban por cualquier razón, fluía esta resina, la cual en muchos casos también atrapaba a insectos que se han conservado perfectamente hasta nuestros días.
El Mar Báltico, y particularmente las costas de Polonia son las principales fuentes de ámbar del mundo. Hasta los romanos organizaban expediciones para buscar este material en el Báltico, con todos los riesgos que por aquel entonces tales acciones encarnaban; esto nos puede dar una idea del valor que siempre ha tenido el ámbar.
Recientemente se ha restaurado una habitación enteramente construida con ámbar en uno de los palacios de la Rusia imperial, y que fuera saqueada y destruida durante la segunda guerra mundial. En Polonia, Lituania, Estonia, Letonia, Rusia, Alemania, Dinamarca, Suecia y Finlandia es posible adquirir ámbar de buena calidad y a preciso bastante razonables, el cual se puede vender nuevamente en otros sitios, dejando interesantes ganancias.
La ciudad de Gdansk en Polonia es, además de un importante puerto comercial e industrial, un centro de producción de ámbar tallado, pulido y elaborado. El ámbar se puede presentar en bloques de distintos tamaños, habiéndose encontrado algunos de hasta diez kilogramos; naturalmente, cuanto más grande sea el bloque, mayor tenderá a ser su valor pero también se considerará a la hora de cotizarlo su calidad, transparencia y lo que tenga en su interior.
Curiosamente, como los árboles de la actualidad producen mucha menos resina que los de principios de la era cuaternaria, en un futuro distante las reservas de ámbar tenderán a disminuir y quizás el valor resulte mucho mayor, aunque podrían pasar algunos millones de años mientras tanto. Nuestro consejo es tratar el ámbar con mucho cuidado pues se trata de una piedra relativamente frágil.