Howard Hughes fue una persona muy capaz, incluso como ingeniero aeronáutico, pero a causa de la segunda guerra mundial y sus contratos con las fuerzas armadas de los Estados Unidos sufrió uno de sus períodos más problemáticos, que en gran medida le llevaron a la demencia.
Durante esta época y debido a los ataques de los submarinos alemanes, los norteamericanos estaban perdiendo enormes cantidades de material y hombres en el océano atlántico, al transportar tropas y suministros hacia Europa. Junto con Henry Kaiser, un magnate de la marina mercante, Hughes obtuvo un contrato con el gobierno de los estados Unidos para construir tres prototipos de un nuevo tipo de avión de transporte.
Era un aparato descomunal, el más grande del mundo entonces, y sería un anfibio de ocho motores y cerca de doscientas toneladas de peso. La falta de materiales a causa de la guerra hizo que Hughes tuviera que utilizar madera en vez de aluminio, sufrió retrasos, un incremento en los costos, su socio Kaiser luego se retiró del proyecto y cuando la guerra terminó, el gobierno norteamericano canceló el contrato porque ya no necesitaba el Hércules, como había sido bautizado.
Para peor, decidieron investigarlo por incumplimiento de sus obligaciones contractuales, pero pudo sortear este obstáculo. Sin embargo, el hecho tuvo un efecto muy profundo en Hughes.
En 1947 y luego de gastar parte de su fortuna personal, el avión voló por primera y única vez, luego fue devuelto al hangar especial que había sido construido para él, y allí fue mantenido en perfectas condiciones a un costo millonario, hasta la muerte del Sr. Hughes, quien se empecinó, pese a todo, en que el avión fuera construido, volara y no fuera desguazado.
Actualmente el Hércules se encuentra en un museo. Verdaderamente, Howard Hughes era un hombre que creía en sus apuestas: así se hacen y se mantienen las fortunas.