P. Edronkin

El origen de las competencias ecuestres



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En el mundo antiguo las personas comunes tenían poco tiempo para la diversión, y mucho menos, de dinero suficiente como para disfrutar de los adelantos tecnológicos de la época, pero era algo muy distinto el caso de los reyes y los nobles que, como todavía continúa siendo de alguna manera la costumbre, ay sea en forma de nobleza institucionalizada, o como la suma de una clase política más cierta clase empresarial, acaparaban y acaparan la mayor parte de las riquezas.

El desarrollo de las carrozas livianas constituyó uno de esos hitos tecnológicos que cambian el paradigma de las civilizaciones. Las carrozas con ruedas formadas por rayos de madera, similares en concepto a las utilizadas en los carruajes más modernos y hasta en las bicicletas, surgieron poco a poco y constituyen la base esencial sobre la cual se pudieron construir estas carrozas rápidas que se utilizaron tanto en tiempos de guerra como de paz, para el transporte de la aristocracia, hacer ostentación, y practicar los entretenimientos y deportes aristocráticos de aquel entonces.

La rueda liviana, construida con rayos de madera data al parecer de la región de Tepe Izar, en Irán, hacia el año 2.000 A.C. y a partir de allí, la tecnología necesaria para la construcción de los carruajes livianos se fue diseminando por el mundo. Se sabe, por ejemplo, que en la cultura Védica de la India, hacia el año 1.500 A.C. se organizaban carreras y competencias rituales con estos vehículos. Los reyes del mundo antiguo, especialmente en el Medio Oriente y en China, practicaban la cacería desde sus carrozas, por lo menos hasta la época de Shalmaneser III, rey de Asiria, hacia el año 830 A.C., cuando la montura en un solo caballo empezó a reemplazar a la carroza como vehículo de prestigio para la nobleza y la realeza.

Pero en todos los siglos en los que las carrozas constituyeron estos vehículos de prestigio para competencias rituales en las que se tiene indicios de que ya se efectuaban apuestas de forma similar a lo que ocurre hoy en día en los hipódromos, se formó toda una especialidad y una industria dedicada a la fabricación, el mantenimiento y la reparación del sistema de carrozas, pues bien se debe considerar a estos vehículos como un sistema que como un simple medio de transporte. Solamente hace falta pensar que el uso militar, protocolar y deportivo de las mismas requería de un gran número de personas muy especializadas, y si visitamos alguna vez un hipódromo, nos podremos dar cuenta de que incluso hoy en día la cuestión de mantener una temporada de competencias ecuestres es un asunto complicado.

El uso de las carrozas tuvo también ribetes militares, y generalmente uno de estos vehículos requería de una tripulación de dos o tres soldados altamente entrenados y que en su momento constituían una fuerza de élite; estos soldados de auténticas fuerzas especiales eran generalmente nobles, de rango social similar y requerían de mucho entrenamiento, del mismo modo que sus caballos. Por eso es que en su momento se desarrollaron las competencias de carrozas, para poder proporcionar a estos equipos el suficiente entrenamiento como para luego ir a la guerra.

Y como dijimos, eran realmente parte de una élite: el orden de batalla hitita establecía que por cada cien soldados de infantería, una formación militar tendría una carroza de guerra. Así, una gran formación de diez mil soldados solamente contaba con cien carrozas, por lo que es mentira lo que se ve en muchas películas, en las que se muestran ataques frontales efectuados con estos vehículos: la infantería era mucho más abundante y barata, por lo que las carrozas y sus entrenados tripulantes y caballos se reservaban para misiones muy específicas.



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