Sinceridad en la desgracia: Las cosas que ventilan las crisis

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Pablo Edronkin

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El caso de la gripe porcina, como el de la lucha contra el terrorismo, constituye un ejemplo de cómo las crisis desnudan la hipocresía.

Varios países del mundo suspendieron los vuelos y viajes de personas entre sus aeropuertos y puertos y los mexicanos. Se generaron pánico y problemas políticos y diplomáticos; el gobierno mexicano, entre tanto, tampoco aportó una cuota de sensatez al problema pro medio de la dramatización de las ofensas y el retruque con argumentos directamente falaces, es decir, mentiras a sabiendas, sobre puntos flacos relativos a la gestión de los gobiernos de esos otros países. Por ejemplo, el presidente de México atacó a la gestión del gobierno argentino – uno de los que aplicó la suspensión de los vuelos – diciendo que en la Argentina se hablaba de miles de muertos por la reciente epidemia de dengue, cosa que no le consta ni siquiera a los más acérrimos críticos de la presidenta Argentina en aquel país.

En otras palabras, la gente puede ver como sus líderes son por lo general un club de ignorantes y mentirosos que a la hora de enfrentarse a los problemas parecen más ocupados en sacar una ventaja para sí mismos que en resolver lo que se tiene enfrente.

Algo similar sucedió en el mundo después de los ataques terroristas sobre Nueva York y Washington en 2001: Durante algunos días ningún avión pudo sobrevolar el país del norte, excepto uno que fue fletado por el gobierno de Arabia Saudita para sacar de aquel país nada menos que a familiares y socios de la familia Bin Laden, que constituían exactamente el grupo de personas a las que cualquier aspirante a Sherlock Holmes les preguntaría primero que a nadie acerca del paradero de la oveja descarriada.

Mientras tanto, en ambos casos el racismo, el chauvinismo y el prejuicio afloran con absurdas prohibiciones para viajar que en base a las pruebas poco tienen que ver con razones válidas de supervivencia, seguridad o salud pública: Hoy por hoy, hay más enfermos de gripe porcina en los Estados Unidos que en México... ¿alguien sugirió acaso cancelar los vuelos desde y hacia aquel país?

Imponer una cuarentena sobre las regiones o sitios afectados por una enfermedad no es nada nuevo; hacerlo por razones que nada tienen que ver con el control de una enfermedad tampoco.

México ha sido el desafortunado país donde hasta el momento la influenza o gripe porcina parece haber cobrado mayor fuerza y un número de países, pese a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) han tomado medidas tales como restringir los viajes desde y hacia el país norteamericano. Como respuesta a ello el gobierno mexicano ha protestado aduciendo que se trata de discriminación, y esto es algo para pensar.

De lo primero que se trata es miedo de la gente traducido en miedo de los líderes políticos. Hay mucho temor en el público y sus representantes sienten la necesidad de hacer algo no solamente porque existen razones fundadas para ello desde un punto de vista sanitario, sino porque no desean convertirse en víctimas electorales de semejante problema.

Pero ¿puede controlarse la enfermedad prohibiendo el desplazamiento de personas? Simplemente no, y solamente hace falta considerar lo siguiente para entenderlo: No se puede detener al mundo entero,no hay gobierno que tenga esa capacidad y aún molestando a todos los pasajeros de los aeropuertos no se detendrá el contagio pues al mismo tiempo que se discuten estas medidas hay barcos en alta mar, senderistas en las montañas, ejércitos en combate, animales, vientos, alimentos y hasta contrabandistas que circulan por doquier y que sencillamente no pueden ser detenidos. Si solamente hace falta que una persona infectada cruce una frontera para llevar la enfermedad a otro país, y si consideramos que ningún gobierno puede ejercer un control absoluto sobre todas las personas, la razón por la que esto no va a funcionar resulta evidente.

Es más: Durante la gran peste negra del siglo XIV también se intentó realizar diversos controles, cuarentenas y hasta imposiciones por medio de fuerza letal que no llegaron a nada. También se eligió a un chivo emisario de la enfermedad: En aquel entonces fueron los judíos, a quienes se persiguió y se exterminó en un número superior a cien mil en Europa simplemente porque se suponía que por medio de artificios de la brujería estaban confabulados detrás de la enfermedad. Nadie se detuvo a observar, por supuesto, que los judíos estaban muriendo tan infelizmente y por las mismas causas que los cristianos y los musulmanes por aquel entonces.

Tampoco nadie se detuvo a pensar que tan solamente en Europa, la epidemia de peste bubónica de aquel entonces empezó en el sur de Italia, y que ningún control o cuarentena pudo impedir que la enfermedad se extendiera hasta carcomer a todo el continente.

Por ello, la suposición de que las cuarentenas y controles como los que se le imponen específicamente a los mexicanos pueden funcionar en estos casos no solamente es infundada, sino que muy probablemente sea correcta la aseveración del gobierno mexicano en el sentido de que está discriminando a los ciudadanos de aquel país. Y basta pensar que en los Estados Unidos, habiendo aún más población que en México y un número bastante elevado de casos confirmados de gripe porcina o gripe A, nadie ha hablado de cuarentenas. En estos momentos, si se trata de trescientos o de cien casos en cada país poco importa, pues ambas cifras reflejan lo mismo, y es que la enfermedad ya está enquistada en ambos territorios.

Sin embargo, nadie ha hablado de poner en cuarentena a los estados Unidos o sus ciudadanos que salen del país.

Esto no quiere decir que no se debe controlar o que hay que dejar que la enfermedad se extienda a sus anchas, pero hay que discernir entre lo que es tomar decisiones sensatas, y lo que es hacerlo sobre la base de agendas políticas de grupos aislacionistas o discriminatorios que solamente están intentando aprovechar una desafortunada y peligrosa situación para llevar agua a su propio molino.


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