No se olvide de las cosas en Baltistán: Razones para crear hábitos de grupo

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Pablo Edronkin

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Si usted se encuentra viajando con un grupo de amigos por Baltistán y repentinamente se da cuenta de que alguien no llevó tal o cual componente de equipo ¿qué puede hacer?

Desde luego, tendrá que improvisar pues es dudoso que en lugares como Skardu o el glaciar de Siachen pueda hallar todo lo que necesita. Y entonces empezará probablemente la febril búsqueda de recursos de reemplazo, para lo cual, como buen visitante a un lugar aislado del mundo, tratará de hacer un par de preguntas utilizando gestos, algo de inglés y quizás un par de palabras de la lengua baltí, la cual es considerada un tanto desconocida hasta para muchos lugareños que no tienen mucha idea acerca de los ribetes gramaticales del tibetano arcaico.

Por supuesto, lo más probable es que después de intentar comunicarse infructuosamente por horas, un policía o algún docto en alguna lengua entendible para un viajero occidental le diga que si quiere adquirir lo que necesita deberá viajar a Islamabad, lo cual no queda muy en el camino que digamos. Esto puede significar hasta el fin prematuro de un viaje tal como se lo había planeado pues, por ejemplo, aventurarse en la cordillera del Karakórum sin un saco de dormir o las garrafas de combustible para el hornillo porque alguien se las olvidó en Buenos Aires o el puerto de Rotterdam, seguramente porque "creía que otro" las llevaría, resultaría un tanto imprudente y en el mejor de los casos, si de alguna manera se obtienen los recambios pertinentes, casi seguramente muy costoso.

Olvidarse del equipo casi siempre tiene que ver con la mala planificación; todos cometemos errores y es previsible que en algún momento dejemos algo en un sitio equivocado, o que tendamos a presuponer ciertas cosas. Pero cuando se viaja en un grupo, la organización del mismo y la forma en la que hasta se practica el liderazgo dentro de él son determinantes para prevenir o no estas cosas. La capacidad para realizar controles cruzados es una de las características más interesantes de cualquier grupo o equipo, pero para que ello realmente pueda funcionar hace falta que el grupo sea algo más que una simple colección de individuos.

En algunas actividades como la aviación, por ejemplo, el estudio de esta interactuación se lleva al nivel de una ciencia. El CRM o "Crew Resource Management", o bien "Cockpit Resource Management" (traducido como "administración de recursos de la tripulación" o bien "administración de recursos de cabina", respectivamente) se dedica específicamente a cómo distribuir la carga de trabajo en la cabina de una aeronave de manera eficiente y segura, incluyendo los controles cruzados y la toma de decisiones.

En aviación, como ocurre en el caso de las artes marciales, muchos de los procedimientos y actitudes se practican repetitivamente hasta que se convierten en auténticos hábitos. Si a un piloto le falla el motor de su aeronave, incluso antes de declarar la emergencia pro radio o averiguar qué es lo que está sucediendo, hará de manera refleja que su aeronave asuma un perfil de vuelo que le permita mantenerse en el aire en planeo, si se trata de un avión, o en autorotación, si se trata de un helicóptero. Lo fundamental es "volar el avión", mantenerlo en el aire, y después resolver el problema. Y para que esto suceda, el procedimiento fundamental que implica esto debe estar profundamente arraigado en la mente del piloto, tanto como para una persona común puede ser abrir o cerrar una puerta.

En el caso de cualquier grupo o equipo, llegar a tal nivel de empatía entre sus integrantes en lo que se refiere a los controles cruzados requiere de mucha práctica; es esencial realizar tareas en conjunto muchas veces, de forma regular, empezando por proyectos poco ambiciosos. Por ello es imprescindible que los viajeros generalmente se conozcan muy bien antes de emprender cualquier expedición. El Baltistán no es precisamente el sitio donde se debe aprender una lección de este tipo.


Un buen ejercicio para mejorar el trabajo en equipo: La construcción de un iglú como refugio de supervivencia.





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