Un rey que murió en su ley

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Pablo Edronkin

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Msiri fue rey de Yeke, algo que no muchos conocen porque justamente, con su asesinato por parte de exploradores que intentaban monopolizar el tráfico de marfil el reino quedó obliterado.

Msiri no era ningún santurrón y mantenía su poder por medio de lo que hoy podríamos denominar como terrorismo de estado; esta metodología era utilizada con frecuencia en áfrica durante el signo XIX y en Europa su comportamiento era visto como el de un salvaje. Misiri era además un traficante de esclavos, pero tenía algo que los europeos querían: Marfil, y desde su reino de Yeke, ubicado en lo que hoy en día es el Congo, este buen hombre - o no tanto - amasaba una fortuna. Este monarca era un pragmático: Accedió a su trono ganándose el favor de un jefe o cacique con el que comerciaba y que era atacado con frecuencia por sus vecinos; Msiri logró derrotar a esos enemigos gracias al uso de armas de fuego, y de esa forma entró en una asociación más profunda con el cacique local pero no se sabe con exactitud si logró ingresar a la línea sucesoria o simplemente se deshizo del jefe que, naturalmente, era militarmente más débil que Msiri.

Llegó a ser rey en base a su habilidad y no por herencia, casi siguiendo los lineamientos perfectos de Maquiavelo. Con habilidad política y armas que podía comprar gracias a sus exportaciones, Msiri logró conformar un estado que era muy superior, organizativamente hablando, a cualquier tribu vecina. La región de áfrica central, hasta la conformación de las colonias europeas hacia fines del siglo XIX era una región más o menos anárquica que era controlada por bandas armadas. Msiri entendió muy bien que la conformación de potentes fuerzas de combate era la clave para el dominio regional. El uso que hacía de esas fuerzas era, a los ojos de los occidentales al menos, bastante cruel.

Pero si bien entendía la utilidad de la fuerza militar, también comprendía que para conformar un estado sólido la misma no era suficiente y dedicó una buena parte de su tiempo a formar alianzas que a veces se plasmaban en la forma de casamientos por conveniencia: El rey Msiri llegó a tener cientos de esposas que actuaban como agentes de promoción y - al parecer - espías (ver Outcasting Those Unsuitably Married).

Pero la mejor prueba de la habilidad de Msiri como jefe de estado y sus dotes de liderazgo se demostró cuando logró obtener el consejo de algunos misioneros europeos sobre cómo lidiar con la ola colonizadora que provenía del norte. Gracia a lo que aprendió sobre los europeos, Msiri pudo sostener su reino por muchos años mientras las expediciones de conquista y coloniales de Francia, Bélgica, Inglaterra, Portugal y Alemania se hacían con el continente. No siendo ningún ingenuo, por ejemplo, Msiri hizo que los tratados que los Europeos le proponían fueran traducidos a su idioma en vez de ser simplemente relatados por los propios representantes de los europeos. De esa manera y a diferencia de otros líderes locales, evitó ser literalmente estafado por ellos.

Los belgas y los británicos estaban particularmente interesados en hacer tratativas con Msiri, pero al monarca no lo podían engañar fácilmente, ni podían quitarle concesiones que ellos consideraban esenciales, como por ejemplo, subordinar la soberanía del reino de Yeke a las potencias imperiales. Por ello y pese a que el rey era efectivamente despótico, hay que ver el asunto en el contexto que le corresponde: No era ni más ni menos cruel que otros jefes tribales o para el caso, Europeos, al menos de lo que se desprende de la evidencia observada en otras sociedades y de los relatos de los primeros misioneros europeos que llegaron al territorio Yeke. Cabe pensar entonces, que hubo cierto esfuerzo propagandístico para demonizarlo más de la cuenta. De cualquier modo, yo preferiría no tener que tratar con gente como Msiri o los conquistadores de su reino.

Entender que un nuevo factor ingresa en la ecuación de poder, reconocer que no se lo entiende y pedir consejo es una de las cosas más difíciles de hacer para un autócrata, pero Msiri pasó la prueba. Y todo fue así hasta que a un rey de Bélgica se el escabulló la paciencia y se le ocurrió que a él le resultaría reconfortante acaparar como fuera lo que Msiri poseía, y para eso envió una brutal expedición que se encargó de cortarle la cabeza al rey, y quedarse con el marfil. Yeke, o Katanga, se convirtió en una colonia de Bélgica pero a los exploradores que llevaron a cabo la cuestionable hazaña, no les fue para nada bien.

Los expedicionarios enviados por el rey belga y a cargo de William Grant Stairs gozaban del apoyo de la opinión pública europea porque Msiri era visto como un despiadado y además, por supuesto, era considerado como un africano inferior que solamente merecía ser colonizado. Pero la única razón detrás de la expedición belga fue apoderarse del reino, solamente pudo hacerse con él puesto que Grant Stairs juzgó adecuadamente que necesitaría del mayor poder de fuego y el armamento más moderno, de modo de superar a Msiri en ese terreno, y el comportamiento de los expedicionarios distó muchísimo de los ideales proclamados y se acercó más, irónicamente, a los estándares de mandato que decían combatir. En otras palabras, Grant Stairs no fue mejor que Msiri.

Sin embargo, este fue el talón de Aquiles de Msiri, puesto que por su estilo de gobernar era posible que hubiera rebeliones de jefes locales; de hecho, una de las razones por las que había obtenido tantas mujeres para sí y su corte era que podían servirle como rehenes en caso de que un alzamiento presentara una necesidad. Pero como ocurre invariablemente con quienes pretenden utilizar esta metodología, el miedo a lo que le pueda suceder a un rehén que da superado por el deseo o la necesidad de rebelarse. Al llegar la expedición de Grant Stairs al centro de su pequeño imperio, sus fuerzas ya estaban debilitándose porque algunos jefes y sus seguidores consideraron - erróneamente - que la llegada de los extranjeros podía ser para mejor. Ellos veían que una nueva presencia en la región afectaba a su odiado líder, y no se detuvieron a pensar acerca de las cualidades u objetivos de esas fuerzas extranjeras.

Gobernar sobre la base del miedo o la coerción puede funcionar durante cierto tiempo pero no es un método que le garantice a nadie un poder indefinido. Durará hasta que aparezca otro más poderoso o los subordinados dejen de tenerle miedo a ese poder porque buscan otra cosa o porque no tienen otra alternativa. Los conquistadores españoles supieron explotar ese descontento en contra de los Incas y los Aztecas, y de esa forma, con fuerzas relativamente pequeñas lograron derrocar a líderes muy poderosos. Además, un líder que se basa en el miedo frecuentemente debe recurrir a la aplicación directa de la fuerza con frecuencia para que sus amenazas continúen siendo creíbles; eso es muy oneroso y generalmente deriva en violencia a gran escala, y en tales casos, cuando la contraparte puede ejercer la violencia también como respuesta para sobrevivir, la posición del líder puede debilitarse más porque aún cuando resulte victorioso en las guerras que emprenda, su oposición va a considerar como victorias más importantes a las batallas que pierda y sobre ellas terminar con el mito de invencibilidad que el líder de tales características debe construir y mantener en pie.

Después de la muerte de Msiri a manos de uno de los lugartenientes de Grant Stairs - Omer Bodson - los expedicionarios europeos masacraron a sus seguidores y en el tiempo subsiguiente solían colocar los cadáveres de las personas que mataban sobre las palizadas o en algún lugar visible para amedrentar. Hasta que el estado belga tomó posesión oficial de la colonia, ésta se mantuvo bajo una ocupación ad-hoc de "representantes comerciales" a quienes no les molestaba ninguna de estas cosas ni tampoco el comercio de esclavos, el cual se mantuvo hasta la llegada de los funcionarios del gobierno colonial propiamente dicho.



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