P. Edronkin

La falta de integridad de los nepotistas



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El nepotismo es una de las cosas que hay que evitar en cualquier organización; la iglesia católica lo sabe desde la época del Papa Alejandro Borgia y precisamente a causa de él es que en esta antiquísima institución se implantó el celibato entre los sacerdotes. Si bien es cierto que ya desde antes existía como tendencia, la profunda impresión que la corrupción de la familia Borgia causó en la jerarquía eclesiástica, fue determinante en el establecimiento de esta norma, pues al no tener familia un funcionario eclesiástico, si bien las chances de que el nepotismo se implante dentro de una estructura organizacional siguen existiendo, ya se hacen mucho menores.

Y para el catolicismo esto funcionó, pues si bien hay gente que le critica al papado que es conservador, hermético en sus decisiones y cosas por el estilo, los casos de corrupción dentro de la organización religiosa son muy pocos.

Ahora, si vemos lo que sucede - por ejemplo - en la Argentina, se nota claramente que los diversos gobernantes tienen una votación nepótica: basta ver a los Ménem en la provincia de La Rioja o al presidente Néstor Kirchner, que ha nombrado a numerosos familiares dentro de su propio gobierno.

Eso, sin más es corrupción; que una persona que llegue a un cargo tan elevado como la presidencia de una nación ignore lo que es el nepotismo es difícil de creer, y también es difícil de creer que ignore cómo el 'acomodo' de familiares y amigos facilita precisamente los actos corruptos. O sea que la única conclusión es que un presidente puede nombrar a sus familiares en un gobierno porque es tonto - como en el caso del ex presidente Fernando de La Rua - o bien hay que pensar que es corrupto, aunque no se hayan visto pruebas concretas de su corrupción, como extrañas cuentas bancarias y cosas por el estilo.

Es decir, cuando un líder cualquiera adquiere ya una cierta investidura, no se le puede excusar por ignorancia, y la única dicotomía que puede existir en la naturaleza de sus actos es que no esté mentalmente sano, o bien que actúe con malas intenciones. Pero cuando ya hay varios familiares en el gobierno, como es el caso del estado argentino, en todo caso se puede hablar de bobería presidencial a causa de que el mandatario cayera en demencia senil o sufriera un derrame cerebral, pero como los familiares siguen estando allí, y la probabilidad de que ellos también hubieran tenido un problema neurológico es ínfima, si no renuncian no solamente demuestran falta de integridad, sino también, a mi criterio, la intencionalidad de cometer actos de corrupción.

No hay forma alguna en la que las cúpulas directivas de una organización queden exentas de corrupción si es que existe el nepotismo dentro de ellas, y no hay forma alguna en la que un líder demuestre integridad si tolera el nepotismo, lo apaña o lo produce él mismo. No hay forma en la que una organización en la que existen casos de neopotismo funcione bien, porque está podrida hasta la médula, pues para que exista el nepotismo, sus autoridades deben estar en primer lugar corrompidas o ser corrompibles ¿sino, para qué 'acomodar' a los parientes? Y porque la propia existencia del nepotismo indica que la organización no tiene mecanismos de control internos suficientemente desarrollados como para impedirlo.

Es más: esto también sugiere que en general, las organizaciones en las que se implanta el nepotismo se convierten en cotos de caza de los líderes del momento, pero que carecen de integridad institucional, estando seriamente comprometida su estructura formal. Y cuando no existen mecanismos de control, tampoco existen los de balance; en términos de una sociedad esto significa que más allá de los discursos oficiales, las inequidades siempre irán en aumento.

Las sociedades que caen en esto, entran en un circulo vicioso del cual es cada vez más difícil salir, pues precisamente por el nepotismo y la corrupción - aún cuando se trate de democracias -, las sucesivas generaciones de líderes serán cada vez peores, mientras que al ser la situación cada vez peor a causa del empeoramiento de la calidad de esos líderes, se requerirá de más capacidad de liderazgo, cada vez más inexistente.

En última instancia, este tipo de situaciones produce un estallido social de manera inevitable, y en ese estallido también, de manera invariable, perecen las clases dirigentes. Así lo demuestra la revolución francesa.





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