La ineficiencia inherente al sistema (IV)


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Federico Ferrero

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Hiperaceleración destructiva e involución tecnoprogresiva

¿Y cuáles son las consecuencia de una sociedad hiperacelerada para el medio ambiente? Están claramente a la vista: contaminación en todas sus formas y todas sus consecuencias. La contaminación deriva de aquellos modelos descartados en pro de los nuevos modelos, producto del saqueamiento de la Tierra (de allí salen los minerales y los metales, los plásticos, el petróleo, el agua, los alimentos que comemos, todo) que más temprano que tarde (porque todo es cada vez más veloz) vuelven a ella en forma de basura. El hombre, tantas veces definido, puede ser también entendido como "homo-scrutum", es decir, "homo basura".

La velocidad, por tanto, no es ni progreso ni avance. No es siquiera progreso técnico, ya que lo producido, a grandes rasgos, es más o menos lo mismo que lo que se venía produciendo, pero con una estética levemente diferente. Los adelantos tecnológicos reales que van surgiendo son muy pocos, y no constituyen la fuente de ganancias de la economía actual. La ciencia barrunta a la cola de la tecnología del desperdicio.

Por todo esto, postulo que el ser humano tiende a la involución fruto del tecnoprogreso. Estamos cayendo dentro de un circulo vicioso de estatismo cultural, fruto de la valoración creciente de la tecnología al servicio de la boludez.

Todo esto es triste, lo admito, pero no deja de ser real. La cuota de optimismo la constituye el hecho de que todo está en nuestras manos, en la tuya, en la mía.

La solución es tan fácil como empezar a crear y construir más de lo que compramos, a aprender a arreglar e improvisar, auto-instruirnos en tecnología parelela, en tecnología al servicio de la evolución humana, que empieza con la evolución y la autosuficiencia personal.

Quizás una solución esté en volver a pensar más de lo que delegamos en que otros piensen, en quitar nuestro apoya a las marcas y la modas por criterios ajenos al de funcionalidad y aprender a hacer que las cosas vuelvan a durar: no tirar, no desperdiciar, no derrochar, realmente dejar de ser "homo-scrutum" y "homo-consumerist", para empezar a ser "homo-sapiens", algo para lo que sin duda, como poco, nos falta mucho.

Pero vayamos lento, porque no sirve de nada correr para llegar antes a ningún lado. O hamacar con más y más ímpetu la cuna de nuestra mediocridad.



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