Cuando no se puede criticar


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Federico Ferrero

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Hablar sobre los problemas del mundo, del medio ambiente o de nuestro vecino es muy bonito y realmente relajante...parece que hablando de ello, poniéndolos sobre la mesa, ayudamos a buscar una solución. El problema radica en que la mayoría de los que hablan no tienen autoridad moral para hacerlo.

En nuestra opinión, sólo puede criticar, sea sobre lo que sea, aquél que predica con el ejemplo. Lo contrario se llama hipocresía, o el síndrome de "la culpa es del otro". Por ejemplo, yo no podría hablar de ecología pidiendo a mi gobierno que se preocupe de mejorar el mundo blablabla, si resulta que pudiendo reciclar no reciclo, pudiendo ir a trabajar en bicicleta voy en un vehículo contaminante, pudiendo apagar la luz la dejo prendida, etc. etc.

Resolver los problemas a escala mundial, al menos con la palabra, es el deporte más extendido entre los ciudadanos...el problema es que pocos se aplican el cuento a su propia forma de vida. Suena utópico, pero si cada uno hiciera lo que tiene que hacer y se dejara de criticar al vecino, si cada uno predicara con el ejemplo, ni siquiera haría falta criticar, porque los que harían las cosas mal serían la minoría, y quedarían en evidencia...serían parias sociales.

Con el ejemplo no sólo se predica, sino que también se educa. Eso lo tendrían que tener muy claro los líderes y todas aquellas personas famosas que con sus acciones influyen (por imitación) en aquellos con la suficiente falta de personalidad (es decir, la mayoría, lamentablemente). Evidentemente vale mucho más que un Guía de montaña que guía un grupo por la naturaleza demuestre con sus acciones que no hay que ensuciar, sino incluso que hay que limpiar y levantar la basura que otros dejaron, que el que lo haga una persona del anónima en que nadie se fija. Mucha más influencia tendrá entonces el que (por ejemplo) un presidente no sólo diga preocuparse por la ecología, sino que lo demuestre en su vida diaria cambiando su limusina por la bicicleta, o el campo de golf por el senderismo.

Pero una vez más, no es lícito pedir, ni siquiera a los famosos y los políticos, por acciones o actitudes que nosotros mismos nos llevamos a cabo en nuestra vida cotidiana, aunque podríamos hacerlo con un mínimo esfuerzo o sacrificio. Dejemos el "haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago" para aquellos hipócritas que siempre existirán, preocupemosnos más por lo que hacemos nosotros mismos y aquellos a quién educamos, es decir, en definitiva y en realidad, lo que hacemos por los demás.

Para una reflexión más extensa sobre la hipocresía y la utocresía, lo invitamos a leer este ensayo.



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