Halloween: ¿truco o trato? o el imperialismo del gusto


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Federico Ferrero

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Algunas costumbres deberían ser desterradas...alguno dirá "la cultura sigue su curso". Mentira. La cultura, más ahora que nunca, está también regida por intereses comerciales que muchas veces son contrarios a la salud y la buena educación de las personas. La festividad de Halloween es una buena prueba de ello. ¿La diversión debe estar por sobre todas las cosas? Definitivamente no, al menos no siempre...sino mientras nos divertimos podemos transformarnos en el blanco o la comida de alguien más, vivir pésimamente o morir prematuramente por causa de la diversión...y hacer lo mismo con los demás, que no eligieron dicha diversión.

"Treak or Treat?", "¿Truco o trato?" preguntan los niños en cada puerta que le abren al recorrer las casas en la noche de Halloween. Literalmente, una extorsión: "O me das, o sufrirás las consecuencias". ¿Qué piden? "dulces", "golosinas", normalmente comida basura. Pero lo que importa además es cómo lo piden.

El problema surge cuando lo tradicional (lo realmente tradicional) se ve avasallado por un tipo de cultura comercial que no podemos clasificar más que de vulgar y perjudicial. El caso de Halloween es paradigmático, porque representa a una de las "festividades" desconocidas que la cultura estadounidense difundió por el mundo.

Estados Unidos al ser la mayor potencia mundial impone su gusto, como es natural y lógico. Cuando un gusto vende, se impone (porque el comercio lo impone, y el comercio es el motor de los imperios). Este tipo de fiestas son motores comerciales, tan tradicionales como la comida de las uvas en España en los últimos minutos del viejo año (una por campanadas) y en festejo del comienzo del nuevo. ¿Quién instauró la costumbre "tradicional"? Los vendedores de uvas, por supuesto. Las uvas alcanzan precios astronómicos en España por esas fechas.

Otro caso que puede hacernos ver claramente como se imponen los gustos, es el de la comida y las bebidas. En todo el mundo hay McDonals y Coca Cola. Pese a que está probado que la primera empresa es responsable de más de una atrocidad en el Amazonas, y la segunda no es muy buena para la salud si se consume junto con ciertos los alimentos (ya que impide la asimilación de hierro) y ambas son responsables "indirectas" de la epidemia de obesidad que invade al mundo occidental.

Pero esto pasa incluso con otro tipo de bebidas realmente tradicionales, como es el vino. El vino considerado de calidad, marcado por las denominaciones de origen de tierras con cientos (y más de mil en algunos casos) de años de producción a sus espaldas, tales como las campiñas francesas o italianas, a sido "desvalorizado" por la crítica de catadores o críticos estadounidenses (como el archiconocido "definidor de gustos" del "buen vino" Robert Parker) y de revistas de vinos especializadas de este país (como "Wine Spectator")...y lo más gracioso es que el mercado y mucho de los propios antiguos vinicultores terminan aceptando este nuevo gusto impuesto.

Este nuevo gusto, en materia de vino, implica darle más importancia (por ejemplo) a los procesos que se hacen en laboratorios o dónde se guarda el vino (en toneles de madera nueva que le dan cierto sabor característico, por ejemplo) que a las tierras que determina las denominaciones de origen. Da la casualidad (por supuesto) que Estados Unidos no posee tierras cuya denominación de origen sea prestigiosa si se compara con las europeas...por lo tanto, llevó la "calidad" a cosas que ellos sí tienen y pueden manejar: "mejora de la producción", "marketing", "fusión de empresas", "compra de madera" y críticos que han ¿impuesto? el gusto "(norte)americano".

Así vemos como en Francia ya no es tan rentable producir vino en lugares "tradicionales" de la forma "tradicional". Hay que adaptarse ahora a "los vinos que la gente quiere". Y dicho sin tapujos "si la gente quiere mierda", entonces "hay que producir y vender mierda". El gusto cambia, la calidad desaparece...o al menos lo tradicional...o al menos la diversidad. Todos queremos lo mismo, mismas marcas, mismos gustos. Y hay que satisfacer, ante todo, la demanda...o morir comercialmente.

Así vemos como el imperialismo del gusto se impone hasta en lugares como España, donde los niños hacen lo mismo que en Estados Unidos la noche de hoy: golpean a tu puerta y preguntan "¿Truco o trato?" ("Treak or Treat?"). La extorsión se ha difundido, otro ejemplo de la cultura de la globalización.

La biodiversidad cultural desaparece, lo que distinguía a países como España de Estados Unidos es cada vez menos apreciable: ambos reciben atentados terroristas por apoyar causas similares, ambos tienen fiestas de Halloween, en ambos se cultiva el "marketing" (sin traducir), a través del "merchandising" con herramientas como "slogans" y con técnicas como el "vending" que permiten un "feedback" exitoso.

Pero la globalización es buena señores, une fronteras...que le pregunten sino al señor Jorge Arbusto y la construcción de su nuevo muro entre EE.UU y México. O al alambrado que separa Ceuta y Melilla del resto de África. Como dijo uno de los más grandes destructores de la Argentina..."Estamos mal, pero vamos bien...



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