El despilfarro de lo ajeno y el cuidado de lo propio


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Federico Ferrero

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Es un hecho bastante evidente el que al ser humano le resulta fácil derrochar, despilfarrar, destruir o dilapidar lo que no es suyo. Pero el problema es, precisamente, determinar qué es de cada uno, y por lo tanto cuáles son nuestras responsabilidades a nivel ecológico y social.

La crisis actual puede verse como una crisis económica o ecológica, pero también como una única crisis. Una crisis de lo humano, de lo social, de una cultura que está exhumando demasiadas porquerías aplazadas durante demasiado tiempo.

Todos queremos tener cosas, y en general (salvo aquellos a los que les sobran) las cuidamos. El problema pasa cuando usamos cosas que no son nuestras, sean públicas o simplemente ajenas. El imperativo de cuidar al próximo parece no tener relación con el de cuidar las cosas de otros, y así vemos actitudes normales que (al menos a muchos) nos espanta.

Nos espanta ver cómo se tira una botella por la ventanilla de un tren o un vehículo en movimiento, simplemente para "limpiar lo nuestro". Nos espanta ver cómo se tira la basura fuera de casa, la basura bajo la alfombra, porque el planeta no es tu casa.

Nos espanta ver cómo una toalla en un hotel se tira al suelo después de usarla una vez, cuando eso significa que la tendrán que lavar otra vez sin necesidad. O cómo se tira a la basura el jabón o el champú que te regalan.

Nos espanta ver cómo uno ya no se preocupa de ahorrar agua o electricidad, cuando la está usando en un lugar público o en el que paga...total "para algo pago, y no me van a cobrar más porque la derroche".

Nos espanta, sobre todo, el que los que tienen un buen poder adquisitivo, como consumistas que ya no le ven un gran incentivo a conservar frente a la pasión por comprar, no valoren ahora ni siquiera lo que les es propio. Un modelo tras otro, descartando lo nuevo porque (simplemente) ya no está de moda.

Estas y otras actitudes similares son las que muestran la mal llamada "falta de solidaridad" a la que se achacan todos los problemas ecológicos, de despilfarro e incluso de mala educación. La solidaridad es una cosa, pero el saber que el cuidado del planeta y los recursos son una verdadera CAUSA INDIVIDUAL y no algo que deba RESOLVER OTRO es, me parece, el verdadero problema.

Echar la culpa o exigir soluciones a los demás solamente nos lleva a la hipocresía, seamos o nos solidarios en lo que normalmente se considera solidaridad (donar, ayudar al prójimo, etc.) Hay que hacer algo más, y ese algo más es convencerse de que la única forma de resolver los problemas es hacer todo lo que podamos por nuestra propia cuenta para hacerlo, que es mucho.



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