La supervivencia del ser humano mediocre (II)


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Federico Ferrero

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El ser humano mediocre es también aquel que llega al colmo de la estupidez contradictoria con sus acciones (vistas a los ojos de alguien que no es mediocre, por supuesto) con tal de esquivar lo que considera como una posible carga, o una renuncia a un actividad excitante o embriagante. Sólo hablando de aquellas "avivadas" que realizan los conductores de "vehículos terrestres", podemos poner bastantes ejemplo concretos para ilustrar al hombre mediocre:

- Aquellos que no se ponen el cinturón de seguridad, y en el colmo de los extremos retratados por unos taxistas italianos que fueron detenidos por la policía por pintarse el cinturón de seguridad en el tórax, para así engañar a los agentes de tránsito durante sus controles rutinarios y poder no usarlo mientras trabajaban;
- Conductores que ponen CDs alrededor de la matrícula o patente de su coche, para así evitar (gracias al reflejo que producen) que las cámaras de los radares los fotografíen cuando exceden la velocidad máxima permitida;
- Aquellos que hablan por su teléfono móvil mientras manejan o conducen, o lo hacen drogados (borrachos o con cualquier otro droga), cuando está de sobra probado que aumenta las posibilidades de sufrir un accidente, se beba lo que se beba, o se drogue uno lo que se drogue.
- A los que usan los navegadores GPS con detector de radares en sus 4x4 o sus automóviles para ir rápido cuando saben no hay radares que puedan multarlos.
- A los que pagar un soborno para tener el carnet o licencia de conducir sin hacer examen teórico o práctico alguno.

El mediocre, por último, nunca aceptará que lo es. Todo lo contrario, ya que su personalidad se caracteriza por la pedantería, el fanfarroneo, la altivez, la petulancia, la presunción, la jactancia y demás propiedades que se derivan de los que se creen que son alguien, cuando son poco o nada. El mediocre es muchas veces orgulloso, vanidoso, engreído o arrogante, sobre todo cuando es arropado por otros mediocres similares en un grupo de patéticos especímenes de lo peor de la humanidad o (a gran escala) cuando es amparado por los sistemas que se hacen llamar "democráticos", ya que cree entonces que es él el que gobierna (nada más lejos de la realidad): los políticos son sus empleados. Sabiendo esto, podemos identificar a un mediocre si, al decirle que lo es, nos odia a muerte, pero ni por un momento reconoce que identificamos su condición de lacra social, de masa inútil, de rebaño inconsciente.

Así es como los mediocres buscan el premio, la recompensa, pero evitando todo esfuerzo para conseguirla...quieren que caiga del cielo, que sea un milagro a ser posible...quiere tener suerte, no crearse su propia suerte. Aceptan de buena gana placeres, regalos y reconocimientos, aún sabiendo que no se los merecen o no se los ganaron (fraude, clientelismo, populismo), y apuestan siempre encomendándose al azar o al truco, y nunca a su propia capacidad o entrega para conseguir cualquier cosa que implique cierta tribulación o dolor, que necesariamente imponga cierto valor (poner huevos, dicho en argentino claramente). Un mediocre no dirá que no si le regalan un título de Nobleza, un Doctorado o una Licenciatura, incluso lo comprará si puede, aunque no sepa sumar dos más dos o qué sentido tiene tener un título así más allá del reconocimiento de terceros. El principal problema de un mediocre, por tanto, es que no conoce la otra cara de la moneda. No sabe lo que es sufrir en pro de una recompenza, o quizás lo supo alguna vez y no quiere volver a saberlo (es decir, es un cobarde). Pero así, esquivando cierto dolor y esfuerzo, no se da cuenta de que también pierde la capacidad de disfrutar, al no experimentar lo malo o el "lado oscuro", y poder valorar en comparación lo bueno, lo que vale la pena.

Es decir, un mediocre no conoce los contrarios, los opuestos, y por lo tanto, para él lo bueno y los placeres parecen nunca satisfacerlo del todo, y se ve entonces enredado en una espiral consumista o materialista, creyendo que lo que le faltan son "más cosas". No entiende que el problema no está en las cosas, sino en su forma de querer adueñarse de las cosas, en su forma de vivir. No comprende que el placer y el gusto de la vida se pueden encontrar, en todo caso, en el esforzarse por conseguir lo que uno quiere por uno mismo, y no en que te lo regalen.

Sin algo de esfuerzo y sufrimiento, no puede haber placer ni disfrute, eso lo sabe todo montañista, todo superviviente y toda madre que haya a dado a luz sin epidural. Cuando desparece "lo malo", lo bueno pierde sentido. Y así el mediocre es, en definitiva, un hombre gris que se cree feliz. Y que quizás lo sea dentro de su propia ignorancia, y a costa de llevar a la decadencia a toda la sociedad, siempre que los que no son mediocres no puedan impedirlo.



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