Un pequeño paso para España, un gran paso para la humanidad (I)


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Federico Ferrero

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La eliminación de las corridas de toros en Cataluña es por muchos criticada, pero lo cierto es que no existen ni argumentos económicos ni, por supuesto, morales para hacerlo. Aquí demostramos porque.

Yendo a los motivos concretos por los que resulta algo inmoral e irracional defender las corridas de toros, mencionaré los datos más importantes que lo prueban:

La mayoría de los españoles está en contra de las corridas de toros, ya sea por motivos morales (crueldad y maltrato animal ) y/o económicos (gastos superfluos en tiempos de crisis por parte de los Ayuntamientos y demás órganos de gobierno).

Durante la mayor parte de la historia de España las corridas de toros y los espectáculos taurinos, encierros, etc. estuvieron prohibidos. Tampoco son estas prácticas un invento español ni algo exclusivo del país ibérico. Por lo tanto, mal se los puede considerar un símbolo nacional o una tradición arraigada para los españoles (algo que, además, desmienten las estadísticas contemporáneas, como menciono en el punto anterior).

Al margen de la minoría de turistas que vienen a España para observar los espectáculos taurinos, el asociar la imagen de España a los toros es un gran error, porque la mayoría de las personas del mundo ve a las corridas de toros como un espectáculo bárbaro y cruel que habla de un pueblo primitivo, en el peor sentido del término.

Como los mayores ingresos económicos de España dependen del turismo, mejorar la imagen internacional hará que se incremente la actividad turística y mejore la economía a largo plazo. De ahí que sea falso decir que prohibir los toros sea una decisión anti-económica. Lo es, por cierto, para determinados sectores y a corto plazo, pero no para España en general y a largo plazo.

Desde el punto de vista ecológico, la disminución de la cria de toros de lidia es un beneficio: menores emisiones de co2 (metano). Los campos destinados a este tipo de ganadería pueden dedicarse a otra o (mejor todavía), utilizarse para negocios igual o más rentables, pero más ecológicos, como el de la energía eólica o solar.

Se habla del toro como producto gastronómico, pero al margen de que no hace falta torturarlo o maltratarlo para que lo sea, lo cierto es que la calidad de su carne deja mucho que desear debido a la cantidad de medicamentos y alimentos artificiales tratados químicamente que se usan en los su cría.

Por lo tanto, resulta claro que la idea de mantener una costumbre únicamente porque unos pocos la asocian a un sentimiento nacional, por sobre los intereses económicos y los sentimientos éticos de la gran mayoría es un verdadero atentado contra la democracia y (en el caso de las corridas de toros en particular y la crueldad animal en general) algo que a todos debería darnos vergüenza desde el punto de vista moral y de respeto a la ecología (relación del hombre con el medio ambiente y otros seres vivos).



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