El conejo: ¿Un espejismo de la superviviencia?

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Pablo Edronkin

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Los conejos han sido domesticados hace miles de años y en muchos manuales de supervivencia se los considera como una fuente valida de alimento, pero ¿es eso verdad?

Decir que a uno le encanta su 'Oryctolagus cuniculus' puede parecer sospechoso en diversos órdenes, pero no si se sabe que ese es el nombre en latín para el conejo que tanto nos ha acompañado en los hogares y las granjas desde antaño. Hoy en día hay muchas personas que poseen conejos a modo de mascotas, pero tradicionalmente estos animales del orden de los roedores han sido empelados por su piel y como alimento.

No se sabe exactamente cuando se incorporó el conejo al conjunto de animales que fueron domesticados por los seres humanos, o bien criados como animales de granja. Probablemente esto sucedió durante el período neolítico y tras la última era de los hielos, cuando las presas escaseaban, los animales de gran tamaño, como en el caso de los mamuts se extinguieron, y las pequeñas tribus de humanos de la prehistoria se vieron obligados a establecerse y empezar a practicar la agricultura y la vida de granja.


Cocinar al aire libre requiere de conocimientos diferentes.
Cocinar al aire libre requiere de conocimientos diferentes.

Es bastante posible que la explosión demográfica de humanos tuviera algo que ver, y que la caza indiscriminada ya entonces afectó al medio ambiente. Pero este hombre primitivo no gozaba para nada de confort; de hecho, la vida como granjero parece haber sido mucho más dura que la del cazador nómada, al aire libre.

Por eso es posible que con el paso del tiempo fuera tratando de asimilar lo que pertenecía a su vida anterior - la de cazador - a su nueva vida como agricultor y granjero. Y si los animales estaban desapareciendo ¿qué mejor manera de evitarlo que no fuera atrapándolos y criándolos?

Por eso, animales que antes eran su presa, como las vacas y los conejos, se fueron incorporando a los establecimientos agrícolas y luego ganaderos de la edad de piedra. Con el tiempo, es de imaginar que fueron ganando habilidad en la cría de estos animales y su utilización de forma sustentable; es muy probable que en los primeros momentos de esta nueva actividad, el hombre se comportase más como un cazador que ha logrado atrapar sus presas que como un verdadero ganadero o criador de animales.


Los conejos pueden ser alimento suficiente para personas como Andinia, nuestra gata.
Los conejos pueden ser alimento suficiente para personas como Andinia, nuestra gata.

Pero un par de inviernos con hambre les habrán convencido que en lo que respecta a la cría de animales, hay que tener ciertos cuidados. En base a la información que se conoce de las civilizaciones y los pueblos que se desarrollaron en diversos sitios, como los Celtas en Europa central y los habitantes primitivos de las Cícladas, las variedades de animales criadas en ese entonces difieren sustancialmente de las que conocemos ahora.

Eso parece incluir también a los conejos; no hay que olvidar que entre el inicio de la agricultura, la ganadería y la cría sedentaria de animales, y nuestros días, nos separan más de diez mil años, y que incluso los registros históricos de los romanos cuando invadieron la Galia, ya mencionan algunas variedades y razas que hoy en día son inexistentes.

Irónicamente se han reportado numerosos casos de personas que no han logrado sobrevivir en situaciones en las que el conejo constituyó su único alimento, particularmente en América del norte (Estados Unidos y Canadá); en efecto, durante períodos prolongados en total aislamiento si no se cuenta con alimentos adicionales, uno puede cazar y alimentarse perfectamente de conejos pero si hace mucho frío, la acumulación de calorías provista por la carne de los conejos es menor a la que el cuerpo humano consume para hacer funcionar el tracto digestivo.


Pero gente como usted seguramente terminarán así.
Pero gente como usted seguramente terminarán así.

En consecuencia, personas que se creen bien alimentadas en estas situaciones de supervivencia, no entienden la razón por la que adelgazan de manera imparable hasta morir de hambre e hipotermia.



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