Incursión masiva de mineros en la virgen Cuenca del Caura (III)


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Adriana Boccalon Acosta

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Consecuencias para el ecosistema acuático

1.- Deforestación de cabeceras del bosque riparino, lo que conlleva aumento en la turbidez del agua, remoción de sedimentos y colmatación de cauces. Eso cambia la fisicoquímica y calidad del agua y por ende la fisiología de los peces. Consecuencia: desaparición y extinción local de las especies.

2.- Entrada al sistema de mercurio vía cadena trófica desde invertebrados acuáticos hasta el humano. Principal perjudicado los indígenas y criollos que dependen de este alimento. El mercurio es bioacumulativo y por encima de 0.5 microgramos/gramo (que es lo que permite la OMS), puede ser tóxico. Está demostrado el alto nivel de bioacumulación que ha ocurrido en la cuenca del Caroní como resultado de la minería de oro.

3.- Disminución del recurso pesquero, principal fuente de sustento del área. Nos referimos tanto a la pesca ornamental y deportiva, como a la de subsistencia y artesanal. El impacto no es sólo local, sino que abarca un radio de acción importante.

4. Con la entrada de la minería hay una mayor demanda de recursos naturales, especialmente pesca. Eso trae consigo una sobreexplotación de los grandes carnívoros, bagres, pavones, curvinatas, y otros herbívoros como el morocoto, palometas y boconas, que son importantísimas para los yekuanas.

El potencial de contaminación mercurial

Los daños que el mercurio usado por la minería artesanal produce al ambiente y a la salud de sus pobladores están bien documentados en cuencas tan próximas e importantes como la del Amazonas. La opción en el Caura no es la minería, es el aprovechamiento sostenible.

En el ambiente acuático se transforma en metilmercurio, que es más tóxico que el mercurio metálico, y contamina la fauna y la flora.

Por ser un metal pesado no degradable, los lechos fluviales y lacustres contaminados con mercurio tienen capacidad para continuar liberando el tóxico durante siglos.

Los mineros y sus vecinos, al quemar la amalgama de oro-mercurio, se contaminan acumulando progresivamente el tóxico y avanzando en los síntomas de la enfermedad conocida como hidrargirismo.

Los consumidores de pescado se contaminan con metilmercurio, desarrollando la enfermedad de Minamata en función de los niveles de contaminación y de la frecuencia de consumo.

Hasta ahora no hay medidas de descontaminación económicamente viables, ya que el tóxico queda disperso en grandes áreas. Así, ese pasivo ambiental será trasladado a las futuras generaciones. Los venezolanos del mañana tienen tantos derechos como los actuales, y preservarlos es responsabilidad de la generación actual.

*Documento escrito por investigadores de la cuenca del Caura

*Autora: Adriana Boccalon Acosta. Ganadora del primer premio Conservación Internacional en el Concurso de Periodismo de Biodiversidad 2006 por Venezuela.



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