Ecopatología: enfermedad individual contraria a la ecología y la economía (II)


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Federico Ferrero

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Pongamos otro ejemplo más cotidiano: limpiamos el horno de nuestra cocina con productos químicos no biodegradables, lo hacemos cada vez que cocinamos por método. Sabemos, en el fondo, que estos productos contaminan, que son tóxicos, tanto para el medio ambiente (se van con el agua cuando limpiamos, finalmente llegan a los ríos y a la tierra) como para nosotros mismos (quedan residuos en le horno, que se evaporan y "comemos" luego con nuestra comida asada). El usar estos productos alienta el producirlos, el que subsistan en el mercado, alienta la existencia de la industria química, que a su vez suele ser contaminante (sus fábricas desechan residuos o hacen vertidos en ríos, polucionan el aire, etc.). Lo lógico sería limpiar menos asiduamente el horno, y hacerlo con productos más naturales, aunque menos efectivos, ya que un poco de grasa quemada es más natural que productos químicos corrosivos.

El colmo ecopatológico sería aquí que, por ejemplo, siendo los que pagamos la factura de la luz, limpiemos el horno eléctrico con productos químicos para que se use lo menos posible por otros ocupantes de nuestra casa, ante el miedo de ellos a los químicos que le pusimos, so pena de comer crudo o peor, pero ahorrando dinero (táctica de mala persona, subrepticia, pero efectiva). Parece un ejemplo hipotético ridículo, pero es real, y se basa en cosas más ridículas hechas por seres humanos en la realidad: por ejemplo, destruir la producción de siembra porque venderla barato bajaría los precios y regalarla surtiría el mismo efecto, por ende, la destrucción (ecopatología) es la solución "rentable". O por ejemplo, "negar" terreno en una disputa bélica usando armas nucleares de uranio empobresido, así el enemigo no puede pasar por esa zona y nos olvidamos de ella (también nos olvidamos de que nada viva allí por miles de años, claro), caso real en muchas guerras, incluyendo la segunda guerra del Golfo. Esta mentalidad, como vemos, es la misma que defiende las centrales nucleares porque "lo que importa es que son más baratas que la energía limpia y renovable" (cosa que por otro lado es falso).

Así vemos que la ecopatología atenta contra la lógica. Porque es lógico tanto ecológica como económicamente no usar tóxicos para limpiar nuestro horno o apoyar la ganadería industrial consumiendo carne de feedlots (por seguir con nuestros ejemplos), pero implica un cierto cuestionamiento intelectual, tomar cierta consciencia de lo que hacemos día a día sin pensar, sin ser miserables en el sentido amplio de la palabra, sin hacer simplemente porque "se hace así". Implica un esfuerzo, una pérdida de comodidad, algo que los ciudadanos difícilmente están dispuestos a aceptar. Por eso es ecopatología: pese a ser ecológica y (a la corta o a la larga) económicamente más rentable, se deja de lado por lo cotidiano, por lo rutinario, por lo irracional, por lo fácil.

Ante este y otros casos se esgrimen motivos como "necesitamos trabajo" "es una mejor inversión" "es más fácil" "es más barato" "así ahorramos", como verdades indiscutibles del credo llamado "mercado" o del culto al dinero como fin, no como un mero medio. Todo producto de una estrechez de mira ante la vida propia y en general. El culto a lo "pagado" como lo que vale la pena, cuando lo gratis suele ser lo más importante para la vida (aire, luz, sentir, amor, placer, ser).

Lo cierto es que la realidad es más simple: siempre hay otra alternativa más moral, y el que no la toma (como consumidor, como trabajador, como empresario, como economista, como profesional, como gobernante, como ciudadano), peca de desidia y es culpable como criminal o cómplice de crímenes ecológicos

Porque la ecopatología no exime a los responsables de su culpa, no es una enfermedad que anula la racionalidad, es más bien un velo que los propios actores del mal que se causa día a día a la naturaleza en el planeta Tierra ponen ante sus ojos. Es la negación de una dura realidad: todos y cada uno somos responsables, por acción u omisión, si no aceptamos y combatimos el problema.

El problema es que el ser humano cada vez avasalla más los medios naturales en pro de su propio confort. Pero los medios naturales son los que nos permiten vivir, y tarde o temprano esto se nota en nosotros y en el resto de los seres vivos: perjuicios para la salud, perjuicios para el medio ambiente, baja de la calidad de vida propia o ajena.

Y por eso también siempre hablo de ecopatología "individual". La culpa no es de otro, no se explica con teorías conspirativas que acusan a grandes poderes económicos que (por supuesto) son actores fundamentales también en este y otros temas (en nuestro ejemplo, los pool de siembra) pero solamente funcionan gracias a la colaboración activa o pasiva de las personas que los componente, de los consumidores que compran sus productos, de los ciudadanos que toleran a los gobernantes que les dan cabida.

Y la sentencia y el castigo ante tu culpa, nuestra culpa, es: deja de ser cómplice, combate los problemas ecológicos desde tu propia individualidad, desde el consumo, desde el trabajo, desde tu vida cotidiana.

La ecopatología es un mal individual, y como tal debe ser erradicado, apuntando al individuo y desde el individuo. Desde mi, desde vos. Desde el accionar interior, ecoreligioso para algunos, simplemente moral para otros.

Nota aclaratoria para críticos intelectuales: no soy economista, médico, ni psicólogo, ni pretendo serlo. Este análisis surge al margen de teorías, títulos y diplomas, surge como un ecopensamiento basado en la realidad cotidiana que me toca vivir, por lo que no busca ser una ensayo ni una investigación de las consideradas "serias". Solamente espero que sirva de algo para ayudar al medio ambiente y las personas que lo respetan.



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