Ecopatología: enfermedad individual contraria a la ecología y la economía (I)


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Federico Ferrero

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Cuando la actividad económica y social personal, la que cada individuo lleva adelante día a día, es contraria (tarde o temprano, de forma evidente u oculta) a su propia salud y/o la de los demás, siendo el individuo consciente de ello, estamos en mi opinión ante una clara enfermedad destructiva y autodestructiva que llamo "ecoptaología", ya que afecta tanto a la ecología como a la economía.

Si alguien asesina o perjudica a otra persona para obtener dinero, se considerará un claro ejemplo de crimen susceptible de castigo ante la ley convencional, y bajo las leyes implícitas de la moral humana. Por tanto, si alguien asesina o contribuye a asesinar o perjudicar, aunque más lentamente y de forma indirecta, por su accionar cotidiano, normalmente un accionar socioeconómico, a otras personas, el crimen debería ser igual de evidente, y el castigo igual de ejemplar. Sin embargo, en la sociedad actual, esto cada vez es menos así.

Cuando alguien sabe que, por ejemplo, su actividad empresarial y productiva contamina el medio ambiente, y así, por tanto, la salud de otras personas y seres vivos, está cometiendo un crimen en pro de la economía, de la mejora de la productividad, del rendimiento económico, del crecimiento, de la austeridad, o de alguna de las banderas que se esgrimen para justificar inmoralidades contra la vida y la naturaleza en general (incluyendo la vida de las personas).

El colmo de este accionar llega a tal punto a veces, que los criminales solcioeconómicos actúan contra su propia integridad, se perjudican a sí mismos. La negación de su accionar racional actúa para anteponer motivos económicos como "obligados" ya que "el mercado lo demanda" y "debemos satisfacerlo". La realidad es distinta: produzco, trabajo o actúo de forma inmoral, negándolo para que no afecte a mi propia moral del día a día. Soy parte del sistema, voluntariamente me transformo en engranaje, nadie me obliga a ello.

No hablo aquí para nada de actores corporativos, de empresas, de organizaciones. No, hablo de cada ser humano individual, en un momento dado de su vida, que es el que sostiene que las cosas sean como son. Voy a dar un ejemplo concreto: la ganadería industrial de la mano de los feedlot´s o corrales de engorde de ganado, muy populares de aquí a 10 años atrás en Argentina, Uruguay y otros países sudamericanos ganaderos. El video documental de abajo "en carne propia" lo explica muy bien.


"En carne propia", documental sobre la expansión sojera
y la ganadería industrial en Argentina de la mano de los feedlot´s.

Los feedlots son un negocio que claramente perjudica la ecología y el medio ambiente, ya que contamina napas da agua y tierras (afectando innumerables seres vivos), favorece el maltrato y la crueldad contra el ganado (confinados en espacios mínimos), perjudica potencialmente la salud de trabajadores de los mismos y consumidores de su carne y complemente la expansión de los monocultivos transgénicos de soja de Monsanto y sus perjuicios. Al mismo tiempo, los feedlot´s son un negocio inmobiliario en el campo, ya que al apestar tanto (emanan un olor terrible), al contaminar tanto (inutilizan el agua potable y para riego de campos aledaños), muchas veces presionan así a los campos tradicionales vecinos, o a las personas que viven en viviendas cercanas, que tienen que terminar vendiendo sus tierras para irse...pero claro, el precio de su tierra, su campo o su casa habrá bajado, por la misma cercanía de los feedlots. Y lo que es peor, como consecuencia de la vecindad nauseabunda de los corrales de engorde de la ganadería industrial, solamente podrán vender a bajo tierra a los mismos dueños de esos feedlots para que pongan más corrales de engorde similares...un negocio redondo de presión inmobiliaria que ronda lo ilegal, pero que es común en los campos argentinos desde la llegada de la soja y los feedlots de la mano de los pool de siembra. Por supuesto, esto ocurre también y desde mucho antes con pollos y cerdos, que sufren la misma suerte y generalmente con las mismas consecuencias.

¿Son aquí las "corporaciones" las culpables? Sí, cuando las hay, pero la cuestión es ¿quién mueve esas corporaciones? Y la respuesta es simple: las personas que las componen y las soportan económicamente. Los empresarios, los empleados y los consumidores. Por supuesto, hay actores que influyen más (peor, en este caso) con sus malas decisiones que otros. Pero la suma de pequeños actores (cada individuo) es en la que se basa la existencia de estos grandes actores (organizaciones, corporaciones, empresas)

Hablo, por ejemplo, de la ama de casa que compra la carne más barata, aún pudiendo comprarla un poco más cara y de mejor calidad, aunque con eso apoye a los feedlots anteriormente descriptos. O peor, que la compra porque es más blanca que otras carnes, más "linda", por motivos estéticos (¿lo blanco es lindo?, prejuicio estético-social). Pero también hablo de los trabajadores que trabajan en esos feedlots, de los empresarios que dicen "estar obligados por el mercado" o "satisfacer la demanda de los consumidores", cuando la única realidad es que anteponen el ganar dinero a la salud de otros seres vivos, e incluso de su propia salud y la de sus seres queridos.

Toda esta red se sustenta porque cada uno de estos actores "transa" con el sistema, por motivos que en realidad no son realmente racionales, ya que perjudicar al medio ambiente y a otros seres vivos no puede ser considerado racional.



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