Vivir o transportarse (II)


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Federico Ferrero

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La dirección del tren LGR (Línea General Roca) administrada por la empresa UGOFE, quiere literalmente talar esos árboles. Quieren hacerlo para construir un muro entre nosotros y la vía (actualmente, y desde hace más de 100 años, nada impide cruzarla por cualquier punto), pero en vez de construir el muro atrás de los árboles (hay espacio más que suficiente) quieren hacerlo adelante, y luego cortar los árboles.

Estamos algunos vecinos intentando que no realicen esta tala, pero, en resumen, se ríen de nosotros. Y sí, es para reírse de nosotros en nuestra propia cara, realmente hasta yo me reiría si no fuera porque las consecuencias no son graciosas... lo cierto es que es de risa que estando en el año 2012, una línea de ferrocarril que funciona con ese nombre desde 1945, pero que es bastante anterior, recién ahora (luego de 67 años de existencia), venga a construir un muro para destruir lo que nosotros estuvimos cuidando los últimos 30, con nuestro propio esfuerzo y pagado de nuestro propio bolsillo. Mientras que las empresas administradoras de la LGR brillaban por su ausencia, nosotros contribuimos al bienestar de todos los vecinos del barrio, y al medio ambiente en general, plantando árboles, limpiando y manteniendo una zona parquizada que, si no fuera por eso, estaría llena de basura debido a la desidia de la administración de LGR (a cargo de la empresa UGOFE desde hace 7 años) y de todos aquellos que ensucian sin importarles las consecuencias (otra vez, falta de civismo básico).

En la práctica, UGOFE nos pide elegir: nuestros árboles, o la supuesta "seguridad" de un futuro medio de transporte que viene prometiéndose hace 30 años: un tren eléctrico que reemplazaría al actual tren diésel. Tren para el cual no hay ni plan aprobado, ni anuncio oficial de ningún tipo, y que de cualquier forma tardaría (en caso de aprobarse) unos 5 a 7 años de obra, según nos dicen, en el mejor de los casos. Teniendo en cuenta los reales tiempos argentinos para la ejecución de una obra de transporte o infraestructura que dependa directa o indirectamente de los subsidios del estado, esto significa que difícilmente dicho plan se aprobará en los próximos 3 años, lo cual hace que este tren eléctrico empezaría a funcionar como pronto en el año 2022... un tren que actualmente transita por otros lados del conurbano bonaerense, con máquinas y vagones de la década del ´50, transitaría en 2022... probablemente... un gran avance para el que es necesario cortar nuestros árboles, ¿no?.

Pero, sea como sea, cuando hay que elegir entre vivir o transportarse (aunque sea transportarse mediocremente o como ganado, tal como ocurre en Buenos Aires), algo está funcionando fundamentalmente mal. Cuando hay que luchar para evitar que talen árboles para beneficiar a un medio de transporte del futuro que ni siquiera es seguro que se construya, algo está fundamentalmente mal. Cuando lo que queremos es tener árboles para que, precisamente, nos reguarden de un medio de transporte presente que nos impide vivir tranquilos, realmente el mundo está al revés. Y sí, es para reírse... pero no porque sea gracioso.

Al mismo tiempo, las rutas, calles, carreteras, autopistas y demás vías de acceso automotor "tajean" nuestras cuadriculadas ciudades latinoamericanas como si de las fibras musculares del tejido urbano se tratara. Y en cierta forma, igual que pasa con el tren, de eso se trata efectivamente: de lo que permite a una ciudad interconectarse. Al parecer los grandes urbanistas no pueden concebir actualmente una ciudad sin calles, sin vías, sin túneles o caminos por los cuales transportarse raudamente de un lado a otro, aunque es un hecho que estos medios de transporte pasan literalmente por sobre la calidad de vida (y aún la propia vida) de sus ciudadanos.

Paralelamente, aquello que nos da el aire para respirar (léase, en orden creciente: árboles, bosques, naturaleza) es secundario en las ciudades, es secundario para los ciudadanos, los responsables de exigir que la ciudad sea como quieren que sea. El aire puro es realmente secundario para los ciudadanos, una realidad dura pero innegable. La consecuencia de esto es que el acto de transportarse es el mayor asesino de masas de la vida civilizada, ya que los propios seres que transporta así lo quieren. No es ninguna exageración, simplemente piensen en la cantidad de gente que muere por día debido a:

- Contaminación ambiental (principalmente proveniente de vehículos automotores y trenes diésel).

- Accidentes de tránsito vehicular.

- Mala calidad del aire (debido a la ausencia de espacios verdes copados por el cemento y las vías de transporte).

Si creen que no son tantos los afectado, busquen estadísticas y después me comentan... verán que la mayor cantidad de muertes se da en el mundo urbano por esta causa. Pero los monstruos-ciudades siguen expandiéndose de mano de los monstruos-ciudadanos que apoyan este modelo de vida inconsciente, y pese a algunos proyectos de pueblos y ciudades sustentable o sostenibles ecológicamente que intentan parar esta tendencia urbanística autodestructiva.

Sí, ya lo sé, todo esto deprime. Parecen ser todos problemas y ninguna solución a la vista. Y así es, la solución no está a la vista, no está afuera, pero sí está en nuestra mano, está en nuestro interior. La solución empieza con usted ahora mismo, con usted plantando un árbol, con usted dando la pelea para que no talen otros, con usted dejando de tirar basura en la calle y levantando los papeles que ve que otro tira. Con usted dejando de ser un ciudadano común y empezando a ser otra cosa, como suele decirse: con usted pasando a ser parte de la solución en vez de parte del problema.

La solución empieza por casa, predicando con el ejemplo. Como hacemos ahora nosotros, buscando evitar que nuestro pequeño emprendimiento ecológico no sea destruido por una manga de burócratas ferroviarios que siguen órdenes en vez de ponerse a pensar en que la gente no es simplemente un usuario en potencia, o mercancía de sangre caliente para ser transportada, sino fundamentalmente seres vivos que respiran gracias a la existencia del resto de la naturaleza.

En nuestra mano está, sea y quede dicho por este medio. Al fin y al cabo, la democracia implica hacerse cargo de que si algo funciona mal en un país libre, en última instancia es culpa nuestra.



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