Medición y protección contra el ruido


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Federico Ferrero

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La polución sonora o contaminación acústica, es decir, el ruido es uno de los tipos de contaminación urbana de los que no se habla demasiado. Para entenderla mejor hay que conocer cuales son los distintos tipos de ruidos que pueden medirse, y cuáles son sus efectos.

Podemos definir al sonido como una sensación auditiva que tiene su origen en una onda acústica que surge de una vibración. Dentro de él podemos distinguir la intensidad (medida en decibelios o dB) y la frecuencia (medida en herz o herzios, Hz). Dentro de la frecuencia podemos distinguir los tonos de baja frecuencia (graves) y las de alta frecuencia (agudos).

El ruido, entendido como sonido molesto o no deseado, puede dividirse en tres tipos distintos: el ruido continuo (constante a lo largo del tiempo) el ruido discontinuo (intermitente) y el ruido de impacto (de corta duración y alta intensidad).

Se sabe que el ruido puede afectar negativamente a la salud provocando desde pérdida de audición, hasta alteraciones fisiológicas (a nivel circulatorio, digestivo, respiratorio y nervioso) y psicológicas (ansiedad, insomnio, pérdida de la concentración, etc.). Estos efectos están muy relacionados con la intensidad y la duración del ruido, por eso es muy importante conocer la forma en que puede medirse, y los límites tolerables que se han determinado en la mayoría de los países y que, una vez superados, podrían perjudicar a las personas expuestas.

Para medirlo existen dos sistemas usualmente. Uno es el de Nivel de Presión Acústica (NPA) que mide el ruido continuo y discontinuo. Otro es el de Nivel del Pico (NP) que mide el ruido de impacto. Para ello se usa un sonómetro (ruido continuo) y un dosímetro (ruido de impacto).

Así, podemos ya hablar de ruido que hace recomendable la protección acústica ante una exposición continuada, cuando se constatan hasta 80dB de NPA o 135dB NP. La protección debería ser obligatoria cuando el ruido alcanza los 85 dB de NPA o 135 NP. Cuando las mediciones alcanzan un nivel de ruido de hasta 87dB o 140 NP, no sólo es imprescindible la protección auditiva, sino controles médicos a las personas expuestas, y una delimitación o aislamiento de la zona de ruido para que el efecto sea el menor posible.

La protección ideal consiste en eliminar la fuente de ruido, o en su defecto aislarla. Si esto no es posible, hay que evitar su exposición, y sino, las personas expuestas deben protegerse. Para lograr esto pueden usarse ayudas técnicas que eviten su propagación (como pantallas antiruido, revestimientos aislantes o insonorisantes) protecciones individuales.

Dentro de los protectores auditivos, podemos encontrar los tapones, que suelen mitigar el ruido en unos 20dB; las orejeras, que al envolver el pabellón auditivo lo reducen en alrededor de 40dB, y los cascos antirruido, que al envolver la cabeza completamente reducen el ruido en unos 60dB.



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