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Abogados argentinos: Los doctores que no son



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Cuando uno es puntilloso con las reglas de juego siempre escribe una norma para justificar lo que hace y cuando uno es un abogado o juez, de alguna forma esas normas escritas se convierten en leyes. Esto puede hacer que lo que no es en un momento sea un minuto más tarde y eso es lo que sucedió ya hace un largo tiempo en la Argentina con los títulos de los abogados.

Individualmente tomados los abogados pueden ser buenas o malas personas como ocurre con el resto de la humanidad; su profesión es muchas veces cuestionada porque resulta algo difícil para el lego en materia de derecho entender la ética profesional que los rige, pero también es cierto que hay muchos abogados deshonestos, embaucadores, peligrosos y de ética cuestionable, aún tomándola desde el punto de vista epistemológicamente legal, por decirlo de alguna forma.

Con esto el inocente ciudadano ya tiene las manos llenas en cualquier lugar del mundo: Mejor no cruzarse con un abogado porque cuando menos le va a costar mucho dinero, lo cual nos hace pensar con cierta sorna acerca de que la justicia es equitativa. Pero en el caso de los sobrevivientes que habitan las tierras argentinas la cuestión es aún más bizarra: ¿Qué se puede decir de toda una profesión que actúa de forma impostora? Pues bien, eso es lo que sucede en el caso de los abogados, jueces, fiscales y graduados de las escuelas de derecho en la Argentina, pues se hacen llamar "Doctores" ipso facto una vez que reciben su licenciatura. Y sí, hay por ahí convenciones, tradiciones y normas que le permiten a un simple licenciado en derecho hacerse llamar doctor, dejando totalmente de lado algunas cosas. Es como tener a un oficial que se gradúa en Sandhurst como teniente y recibiendo automáticamente el grado de mariscal de campo simplemente porque estaba allí y no en West Point. Sí, por supuesto, la reina de Inglaterra - donde está la academia militar de Sandhurst - o su primer ministro pueden aprobar alguna norma que diga que sus tenientes se convierten en mariscales pero ¿usted les confiaría el mando de un ejército en una guerra?

Claro, si las peleas fueran solamente entre ellas, ciego contra ciego, manco contra manco, la cosa estaría pareja, y eso es lo que pasa con los "letrados" en la Argentina porque solamente un graduado de una escuela de derecho local puede ejercer su profesión en esa jurisdicción. Eso sí: el resto del país sufre las consecuencias y así es como no debe extrañar que el poder judicial de aquel país sea tan respetado y creíble como lo es el bacilo de Koch.

Un doctor en realidad es o bien un médico de la era antigua - pues el término proviene de esa profesión, pura y exclusivamente -, un "doctor de la iglesia" (uno de cuatro o cinco pensadores notables de tradición religiosa cristiana) o bien alguien que ha recibido más que una licenciatura, con estudios de posgrado y quien ha defendido una tesis doctoral, es decir, un científico en cualquier disciplina universitaria, incluyendo la medicina. O sea que para hacerse llamar doctor alguien debe haberle otorgado a la persona en realidad un título de posgrado específico.

Es una lástima tener que decir esto de una profesión en su totalidad pero la realidad es que en la Argentina la gente de derecho hace literalmente sus propias reglas y así es como funcionan de mal muchas cosas: Los jueces pueden dictar la constitucionalidad o no de las leyes y además una proporción inusitadamente alta de cargos públicos aparecen ocupados por abogados. Recientemente una abogada que se hizo cargo de la secretaría nacional de medio ambiente apareció cuestionada por toda clase de casos de nepotismo y malversación de fondos públicos, hay numerosísimos casos de quejas en contra de abogados que trabajan para el gobierno y abusan de la gente aprovechándose de los poderes públicos que reciben, y cada dos por tres aparecen abogados implicados en casos de corrupción. Cuando menos, todo indica que la calidad moral de muchos de los profesionales del derecho es bastante cuestionable y si nos guiamos por la calidad de la administración pública del país no hace falta decir más: Desde 1983, todos los presidentes argentinos fueron abogados, mientras que el estándar de vida del país, en ese lapso, cayó a menos de la mitad. En otras palabras, incluso los dictadores militares parecen haber administrado mejor las cosas.

Diversos filósofos y pensadores calificaron de forma poco elogiosa a los abogados diciéndoles epítetos como "ponzoña diplomada", "conciencias en venta", etc. y como mencioné, puede haber normas o tradiciones, escritas o no que permitan semejante cosa, y puede haber opiniones a favor o no contra de lo que hacen los graduados en derecho porque en todos los ámbitos hay gente buena y mala pero volvamos al principio de las cosas: ¿Se puede confiar realmente en una profesión y un sistema judicial que contribuye a redactar las leyes, en los cuales los partícipes se presentan como lo que no son por vanidad?

Esto me hace recordar cómo el título de "Don" en España se vulgarizó y pasó de ser nobiliario a convertirse en la forma en la que uno se puede referir también a un talabartero. Caray! Si estos son doctores porque lo dice un papel entonces yo me voy a una de esas escuelas religiosas raras que hay en Estados Unidos y me recibo de Papa, Pope, Ayatolá o Profeta... ¿Estará el título de "Dios" en venta?




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