En grupos que salen a andar en bicicleta para disfrutar del paisaje y/o de la propia actividad por lugares naturales, o también por calles o rutas con atractivos culturales (arquitectónicos, artísticos, etc.), es decir, haciendo cicloturismo o ciclismo recreativo, las actividades competitivas no sólo no tienen sentido, sino que pueden constituir un riesgo para la seguridad de todo el grupo ciclista.
El intentar adelantar a otro/s, por ejemplo (ya sea por iniciativa propia, o para "medir fuerzas" en un juego entre más de uno), implica salirse de la fila india o romper el pelotón, y por lo tanto un mayor riesgo de atropello para transeúntes o de chocar con otros vehículos que vengan de adelante o de atrás. Lo que en carreras ciclistas sería "una escapada" y es relativamente normal, en actividades de ocio o cuando la bicicleta es un simple medio de transporte, se transforman en un riesgo que podemos evitar fácilmente al no desplazarnos en paralelo o con pérdida de control. Porque llega un momento en que a mayor velocidad, menor control es el control de la bicicleta (y de cualquier vehículo, para el caso).
Una ejemplo de adelantamiento peligroso de dos ciclistas, ya que se efectúa en una curva, con un vehículo a pocos metros.
El que va en un grupo como estos que no tienen por objetivo el entrenar, competir o mejorar el rendimiento físico, sino el disfrute de la actividad ciclista, tiene que tener bien claro que las actitudes competitiva tales como querer ir primero, adelantar al Guía, llegar antes, no parar en las bifurcaciones, rodar lenta y tranquilamente o hacer descansos no encajan, molestan a los demás y atentan contra el grupo y la actividad que se pretende desarrollar.
El que quiere entrenar o buscar el rendimiento, lo lógico es que lo haga dentro de grupos que tengan ese objetivo, dejando a cada uno disfrutar con la actividad que le gusta.
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