Actuación ante el desacato a la autoridad en actividades extremas y de riesgo (I)


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Federico Ferrero

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Más de una vez ha ocurrido que no se acatan las órdenes del o los responsables durante una actividad que implique un riesgo elevado, tal como la práctica de un deporte radical o extremo, o trabajos de vigilancia, búsqueda y rescate, en los que la seguridad de las personas involucradas depende de, precisamente, las recomendaciones, actuación y toma de decisiones de dichos responsables. ¿Cómo debe actuarse en esos casos y qué consecuencias puede tener esto para las personas involucradas?

Las actividades que implican situaciones de riesgo en la que existe un responsable son muchas, por citar sólo algunas mencionaremos:

- Socorrismo acuático o guardavidas en piscinas, playas, etc.
- Guías de montañas o actividades al aire libre.
- Socorristas, personal sanitario, de búsqueda o rescate.
- Responsables de organización, árbitros y jueces de deportes extremos o actividades al aire libre
- Personal de seguridad o guardaespaldas, en el ejercicio de responsables o custodios.
- Pilotos de vehículos de transporte de pasajeros (pilotos de avión, autobuses, embarcaciones, etc.).

Ante un caso de desacato a la autoridad en un contexto de riesgo como los anteriormente citados, puede darse el caso de que seamos parte de ese grupo o los propios responsables de él. En cualquier caso, propongo enfrentarse a esta situación teniendo en cuenta dos puntos de vista: el práctico y el legal.

INDICE

Ejemplos prácticos reales y consecuencias (Impruedencia y temeridad, La autoridad competente, Superioridad numérica y experiencia).

Toma de decisiones prácticas (persuadir, imponer, desistir).

Cubrirse las espaldas: punto de vista legal (Obligación de participación y minoría de edad, Punto de vista médico sanitario).


Ejemplos prácticos reales y consecuencias

Imprudencia y temeridad

Como guardavidas o socorrista acuático, más de una vez me a tocado desalojar una piscina o pileta ante la amenaza de una inminente tormenta eléctrica. Este hecho, contemplado en la formación de socorrista, no deja de ser bastante lógico para cualquier con unos mínimos conocimientos de meteorología y física atmosférica, ya que los rayos pueden verse atraídos hacia la lámina de agua en cuestión, y causar la electrocución de los bañistas que allí hubiera. En la práctica, esto se sustenta en el hecho de que si cayera un rayo en el agua y un nadador se viera afectado, el criterio básico de autoprotección en primeros auxilios impediría rescatar a esa persona, salvo que se tuviera una pértiga creada para tal fin (aislante) o, en su defecto, palo de madera. Por esto, en este caso la prevención es clave, ya que una vez ocurrido el accidente el rescate será muchas veces difícil o imposible hasta que amaine la tormenta sobre el lugar, so pena de sufrir un sobreaccidente.

Pese a esto, suele suceder a veces que algunas personas, por ignorancia, o fundamentada en criterios de comodidad o el simple descontento de abandonar la tranquilidad del vaso de recreo, remolonean, dudan y se retrasan en cumplir la orden de desalojo, algo que normalmente se tiene en cuenta por parte del socorrista y, por lo tanto, se pide dicho desalojo con unos minutos de anticipación a la llegada de la tormenta, la cual ya se aproxima y se escucha en forma de truenos a la distancia, el cielo se encuentra manifiestamente cubierto y llueve, cumpliendo con los pronósticos meteorológicos para el día que corre. Evidentemente, desalojar una piscina cuando la tormenta está ya arriba de la misma sería una actuación tardía, y esta lógica es lo bastante cercana al sentido común como para que cualquier persona adulta pueda entenderla.

No obstante lo anterior, puede ocurrir en contadas ocasiones que algunas personas desobedezcan y se queden en la piscina, o incluso entren a la misma durante la tormenta, pese a ver sido prohibido por el responsable en cuestión. Entonces, su actitud de desacato a la autoridad lo pone en peligro a sí mismo y a los responsables de la seguridad en dicha pileta, en caso de tener que asistirlo ante un accidente producto de una fulguración. Este es un claro ejemplo de imprudencia que puede incluso ser calificada de temeraria (delito).



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