Lo que distingue a los buenos árbitros de los árbitros excelentes


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Federico Ferrero

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Existe una característica que, aunque no la marca ningún reglamento ni está escrita en ningún manual de arbitraje, distingue a los buenos árbitros de los mejores árbitros.

Esta característica es universal prácticamente a todas los arbitrajes deportivos, y salvo excepciones, sin que importe de qué deporte se trata. Nos referimos a esa capacidad que tienen algunos árbitros de manejar los tiempos del encuentro, partido, lucha o encuentro del deporte que fuere.

Hay momentos en que disciplinas en teoría tan diferentes como un partido de básquet o un combate de judo entran en una dinámica en la cual las cosas pueden complicarse, por la tensión que hay en el ambiente, en ambos bandos y en el público. En ese momento un buen árbitro (o un buen equipo arbitral, que incluye a jueces, anotadores, cronometradores, etc.) se tomará su tiempo en las decisiones "a reloj parado", y bajará así los decibelios encuentro, calmará los ánimos con las palabras o las acciones justas, medidas de forma tal para que tranquilicen a ambas partes, poniendo paños fríos al asunto.

En cambio, hay momentos en los que ocurre todo lo contrario. En encuentro, un torneo o una competición está "parado", se hace tiempo, todo va lento desvirtuándose el espíritu del juego o del deporte en cuestión. En esos casos un buen árbitro acelera las sanciones, se pone más estricto en la medición de los tiempos, en definitiva, le da vida al juego, busca reactivar a los rivales beneficiando al deporte y al espectáculo.

Como vemos, no todo está en los reglamentos. Algunos árbitros pueden en un momento dado aplicar perfectamente las reglas, pero si los participantes no están conformes con su actitud, salir muy criticado del terreno de juego, o incluso tener que verse obligado a llegar a sanciones disciplinarias por la falta de respeto de los jugadores. Aunque el culpable en un caso así no es el árbitro (ya que el hace lo que tenían que hacer), sino la creencia de los jugadores o rivales de que "la culpa es del otro"; un buen árbitro haría lo mismo (aplicar las reglas de acuerdo a lo que interpreta que pasa), pero de tal forma que todos quedaran contentos.

Ahí está la "mano izquierda", la diplomacia que hay que tener en ciertos momentos al arbitrar, pero sin olvidar, como dice el refrán, que "nunca llueve para todo el mundo", y que por supuesto un juez árbitro se dedica a arbitrar, no a educar en las reglas del juego.

Todo esto requiere de tiempo y experiencia, y no es para nada fácil, ya que un árbitro o un equipo arbitral (nunca hay que olvidarlo) raramente tiene amigos sinceros mientras hace su trabajo.



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