Debates públicos, política y mentira para todos los gustos

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Federico Ferrero

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El debate entre el presidente del gobierno de España, J.L.R. Zapatero , y el presidente del mayor partido de la oposición, el señor Rajoy (25 de febrero de 2008), muestra que en política los debates públicos televisados no sirven para nada, si exceptuamos el hecho de que generan dinero a las cadenas de televisión.

¿Por qué no sirven para nada? Porque, en resumidas cuentas, nadie quiere dar el brazo a torcer: se pongan sobre la mesa los datos que se pongan, se cuenten y describan los hechos "irrefutables" que se describa, el que no quiere oir, no oye. Así, se cumple la máxima de que un debate, una discusión, no sirve absolutamente de nada cuando se tiene la voluntad de no llegar a conclusiones basadas en el razonamiento, sino en explicar una ideología que se tiene que mantener por sobre todo hecho y todo razonamiento, aunque esto signifique para cualquier persona con cierta inteligencia presentarse como un necio representante de un absurdo tras otro.

Así, un debate entre políticos sólo es un show que refuerza lo único incontestable: al margen de divertir o entretener, el debatir de candidatos en la televisión no cambia ni modifica en un ápice el rumbo de un país. Los ciudadanos que votaban de una forma, que tenían ciertas ideas por apertura o falta de miras, las seguirán teniendo; los que siguen a un candidato por carisma, lo seguirán haciendo; y los que no por lo contrario, tampoco cambiarán de idea.

En nuestra opinión, está claro que el que defiende un proyecto político a capa y espada sin importarle lo que diga el otro (el 99% de los políticos "importantes"), tiene que ser por fuerza no sólo un mentiroso, sino alguien que miente con un gusto, con un color determinado...miente para fundamentar a toda costa una ideología.

En suma, estos debates públicos entre políticos muestran mentiras para todos los gustos: cada uno desde su bando interpreta las que les conviene (las del otro) y se olvida de las que no le conviene (las propias). Así son los políticos, y no tenemos que olvidarnos.

Lo que diferencia a un político de un mentiroso, es que un mentiroso normal al menos no es un hipócrita...esa es la conclusión que se saca al ver como cada integrante de los altos cargos de un partido hace oídos sordos a una reflexión fundamentada del partido opositor, como cada medio de comunicación con una postura política determinado (nunca expresada explícitamente, por supuesto) da por ganador al que es perdedor y viceversa, incluso negando los hechos que en otras circunstancias la misma parte defendió como válidos, pero que ahora ya no le conviene hacerlo.

Como supervivientes en el entorno urbano, no debemos dejarnos enredar por la red de la política. Señores demagogos, sepan que a nosotros, por lo menos, no nos engañan: sabemos que son todos iguales, mentirosos complejos, pero mentirosos al fin.

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