Los humanos no somos los primeros en haber disfrutado de festines de frutas: muchos animales, ya desde tiempos remotos, se alimentan de vegetales.
Las frutas parecen haberse originado hace unos setenta millones de años y se sabe que tanto dinosaurios como los pequeños mamíferos de aquellos tiempos se alimentaban de ellas.
Lo que comemos ahora.
El problema para saber si existían frutas y flores y cómo eran por aquella época reside en que generalmente, los tejidos blandos no se fosilizan; por eso es que los fósiles encontrados casi siempre están constituidos por huesos únicamente, aunque en algunos casos excepcionales otros tipos de materia se conservan también. Las semillas y el polen pueden hallarse fosilizados, pero es extremadamente raro hallar algún fósil de algo como una fruta.
Y transformamos en mermelada durante la noche.
Tal es así que hay especies de vegetales que solamente se conocen indirectamente, a través de los coprolitos (materia fecal fosilizada) o bien en casos en los que el contenido del estómago de un animal ha quedado fosilizado también; hay vegetales que solamente se conocen a través de estos indirectos procesos de fosilización.
Ya lo tenían animales como estos insectos hace mucho tiempo.
Tales especimenes son extremadamente valiosos, tanto por su valor científico como para los coleccionistas.