P. Edronkin

Las escamas de los peces y el origen de los dientes



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Como explorador, he tenido cierto grado de exposición a diversas ciencias relacionadas con el medio ambiente, la naturaleza y la evolución de la vida, como es el caso de la paleontología, aunque en el mejor de los casos solamente puedo calificarme de paleontólogo amateur. Sin embargo, recientemente estaba pensando en las escamas características de los peces telodontos y su aparente composición de dentina, el mismo material con el que están construidos naturalmente los dientes de los animales, incluyendo los nuestros.

Recordemos que los peces telodontos del silúrico tardío eran agnatos, es decir, peces no mandibulados y mucho más primitivos que los gnatostomas, o sea peces que desarrollaron mandíbulas a partir de la modificación de sus agallas anteriores. Es decir, de esto se deduciría que gnatostomas como el tiburón 'Cladoselache' del devónico tardío, que evolucionaron mucho más tarde y también tenían cerca de su boca y ojos escamas de dentina, desarrollaron la dentadura de forma posterior en el tiempo en relación a los agnatos que les antecedieron en varias decenas de millones de años.

O sea, que si bien resulta difícil ubicar a los telodontos dentro del árbol evolutivo, es evidente que sus escamas de dentina y con estructura similar a la de un diente - incluyendo una pulpa central - es evidente que resultan anteriores de acuerdo al registro fósil actual, a la aparición de los dientes como un mecanismo accesorio a las mandíbulas.

Por consiguiente, si tenemos esta información, y que tiburones primitivos como 'Cladoselache' presentan en estado fósil escamas de dentina alrededor de la boca, resulta sugestivo pensar que así como las mandíbulas pueden haberse desarrollado a partir de los arcos de las agallas anteriores o delanteras, los dientes podrían haberse desarrollado a partir de las escamas ubicadas en el perímetro de las aberturas de esos arcos y por consiguiente, al producirse un efecto evolutivo que dio origen a cambios en el cráneo de esos animales, con una mayor formación de cartílago, ese mismo proceso podría haber desencadenado el crecimiento de algunas escamas hasta transformarlas en dientes. Para un pez primitivo, esas escamas inicialmente hubieran producido una superficie áspera que les permitiera atrapar a presas blandas o pequeñas, únicamente, y que ellos podrían en todo caso machacar o aplastar con sus mandíbulas.

Sería interesante desarrollar un estudio paleontológico en este sentido.





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