P. Edronkin

No vivimos más en un submarino amarillo



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Ya no vivimos más en un submarino amarillo, como decían los Beatles; la fiesta del bienestar social se acabó. En estos últimos años las democracias del mundo han estado cambiando y a mi criterio, se están transformando en cada vez menos representativas de la gente; esto se debe al gran crecimiento que experimentan las grandes corporaciones comerciales, las cuales se van convirtiendo en demasiado grandes como para ser ignoradas por un gobierno, sea esto lo que buscan los políticos o no.

Naturalmente, las corporaciones buscan hacer dinero y para eso van a emplear todos los medios a su disposición, pasando a veces al terreno de lo ilegal; sin embargo, actuar mafiosamente es algo que cada vez se necesita menos si con un gran poder, se puede influenciar a la política de una sociedad entera para que incluso se dicten leyes favorables. En otras palabras, ¿a quienes van a responder los legisladores? A un grupo de electores a los cuales deben responder cada tanto, o a una gran empresa cuyos ingresos anuales pueden ser incluso mayores que los de un estado pequeño como Bélgica.

Y ni siquiera me refiero al tema de eventuales sobornos: un estado, para cobrar un millón de euros en impuestos de su ciudadanos, debe hacer - por ejemplo - mil veces el mismo trabajo, si es que le cobra mil euros anualmente a cada uno, Con una gran compañía solamente debe hacer este trabajo una sola vez, para cobrar exactamente lo mismo. Es decir, al estado le conviene tratar con grandes corporaciones y no con los ciudadanos; y esto no solamente se limita a los países más mercantilistas ni a los impuestos, porque a mayor número de grandes corporaciones, menos gastos para el estado.

Y las corporaciones comerciales, por su propia naturaleza, no reparan en lo que sucede con los ciudadanos, ni con el medio ambiente; les conviene que el público no cause problemas, por supuesto, y de esta manera si lo que le conviene al estado es que las corporaciones predominen, y a estas les conviene que la gente no cause problemas entonces lo único que hace falta es que el estado mantenga la ley, el orden y la calma. Esto es algo sutil y que superficialmente puede no notarse, pero constituye un paradigma socio económico muy diferente que el de la búsqueda del bienestar social.

Yo creo que a medida que pasen los años y mientras se persista en este modelo vamos a ver de qué manera los gobiernos vana ir abandonando funciones que hasta ahora cumplían, y cómo las actitudes que hasta ahora son consideradas arbitrarias por parte de las empresas van a empezar a tornarse normales, como horas extra impagas, despidos masivos, etc., y todo frente a una creciente pasividad estatal, porque a los gobiernos solamente les va a interesar la cuestión social en la medida que se eviten desordenes mayores que, como dije, es algo muy diferente que garantizar una buena calidad de vida. Me parece que todavía no nos damos cuenta cabalmente de que el mundo ha cambiado, y que ahora el ser humano ya no es lo más importante.

También creo que un paradigma económico semejante a la larga está destinado a fracasar porque en sí carece de sentido para el individuo, pero va a pasar un tiempo hasta que ello suceda, y primero el negocio va a tener que dejar de ser negocio.




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