Observando las nubes para pronosticar el tiempo

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Pablo Edronkin

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La gente con experiencia en actividades al aire libre, generalmente por vivir en el campo o en alguna zona agreste o rural sabe cómo pronosticar empíricamente el tiempo; uno de los factores que tiene en cuenta es la forma de las nubes.

Cuando Cristóbal Colón retornaba de su primer viaje a América una tormenta bastante importante separó a los buques de su flotilla; no es que el almirante estuviera muy desconforme irónicamente puesto que en los otros navíos viajaban los hermanos Pinzón, con quienes para entonces ya había desarrollado una notable antipatía, siendo Don Cristóbal un personaje bastante difícil, pero no pudo reencontrarse con ellos hasta retornar a España.

El desconocimiento de la meteorología le hubiera ayudado a mantener a los tres barcos de su flotilla juntos, algo mucho más prudente para navegar en aguas inexploradas, pero evidentemente en aquellos tiempos existía muy poco conocimiento acerca del océano y cómo pronosticar los cambios en el tiempo.

Algunos siglos más tarde, navegantes como el capitán Cook, el teniente Blight, La Perouse o el Almirante Anson se hicieron famosos de diversas maneras y con diversa suerte de acuerdo a cómo los trató la meteorología de algunas partes del mundo. La Perouse desapareció en el Pacífico con toda su tripulación y sus barcos, y solamente hace unos años se supo que una tormenta fue la causa de ello, dejando varados por el resto de sus vidas a los sobrevivientes en unas islas incluso hoy bastante aisladas del mundo.

Como algunos exploradores y navegantes de aquellos siglos (Ver Ships of Adventure, Exploration and Survival), Cook amasó una enorme fortuna con los buenos resultados de sus viajes y los derechos de publicación de sus historias, mientras que Blight sufrió un motín que pasó a la historia y Anson perdió a la mayor parte de sus hombres. No fue hasta inicios del siglo XIX cuando algunos marinos como el capitán Fitz Roy empezaron a observar y documentar lo que sucedía con el estado del tiempo, el cual se pudo empezar a explicar y pronosticar tanto gracias a esas observaciones como así también a diversas teorías que fueron apareciendo y que permitieron darle un marco relativamente previsible.

Hay diversos factores que influyen en el estado y la dinámica de la meteorología local, pero uno bastante significativo lo constituye la aparición de nubes; una nube no es más que la humedad contenida en el aire tornándose visible, pero es tanto causa y consecuencia de los fenómenos meteorológicos y de su conocimiento y comprensión resulta posible hacer pronósticos empíricos bastante acertados.

La norma general en lo que se refiere a los pronósticos del tiempo es que cuanto más irregular sea el terreno, mayor será la imprevisibilidad o confiabilidad de cualquier pronóstico. En zonas montañosas se debe tener en cuenta que el tiempo puede cambiar totalmente para bien o para mal, en menos de media hora, puesto que en este tipo de regiones numerosos factores o elementos se suman a los habituales para zonas más "simples" desde el punto de vista meteorológico, y que determinan la variabilidad del tiempo.

En una región llana, con ver si las nubes que se acercan son cúmulos o estratos, y cual es su abundancia, ya se podrá deducir de forma bastante sencilla si se acerca mal tiempo, y si precipitará en forma de lluvia - estratos - o existe alguna probabilidad de tormenta, si es que las nubes son cúmulos de grandes dimensiones, es decir cumulonimbus. Por supuesto que para cualquiera que haya estudiado meteorología en serio esto puede parecer una simplificación exagerada, pero recordemos que en este caso no estamos hablando de la ciencia sino del arte de la predicción del tiempo.

En la montaña, para empezar, no tenemos por lo general un horizonte claro y lejano, sino que la visión está cortada hacia casi todos lados, en todas direcciones, por montañas. Esto no solamente imposibilita ver a distancias mayores que las que se encuentran esas montañas - y esto puede ser simplemente cruzando un valle de pocos kilómetros o hasta en algunos casos, cientos de metros - sino que nos impide tener una alerta temprana sobre el tiempo. Hasta en la literatura se ha hecho uso de este fenómeno: H.P. Lovecraft usó de forma muy efectiva el tema de la visibilidad, la meteorología y la distancia para crear una ambientación ominosa en "Las montañas de la locura", y es precisamente esto lo que contribye a que no se puedan hacer predicciones en plazos similares a los que son posibles en las llanuras.

Y a esto hay que agregar que la mayor altura de las zonas de montaña de por sí expone al observador a vientos más importantes que en la llanura, pues la velocidad de los mismos tiende a aumentar con la altura. Es decir que incluso un viento leve, una brisa, a nivel del mar, a mayor altura y como producto de un mismo fenómeno meteorológico, puede ser incluso un viento relativamente fuerte.

También hay que agregar otros factores a la hora de considerar la meteorología en la montaña, entre los que debemos contar la influencia de la nieve, los torbellinos que se pueden formar en los valles, las corrientes ascendentes y descendentes, etc. con lo cual se puede apreciar de forma intuitiva que en estos casos, la predicción del tiempo resulta más dificultosa y que requiere por lo general de mayor experiencia y sobre todo, conocimiento de la región, pues puede haber variaciones entre distintas zonas montañozas e incluso, entre distintas partes de una misma cordillera. Por ejemplo, en el caso de los Andes patagónicos, la cara oeste de la cordillera, expuesta al océano, es generalmente más húmeda y lluviosa que la cara este, dado que los vientos predominantes allí van de oesta a este, o de SO a NE y así precipitaciones suelen iniciarse ni bien los frentes entran en contacto con las montañas. Así, la descarga de agua suele darse en mayor volúmen hacia el oeste o el sudoeste.

Nuevamente, esto es una simplificación si lo vemos desde un punto de vista meteorológico estricto, pero es válida para fines netamente empíricos en la materia.

Es decir, en las montañas las nubes no se podrán observar de la misma manera que en las llanuras, y casi con certeza, no se podrán observar con la misma anticipación. Por otra parte, las nubes en las zonas de montaña tenderán a comportarse de forma mucho más rápido, cambiando, cerrándose, abriéndose, etc. a causa del viento y las turbulencias, tendiendo a crear microclimas que pueden abarcar el espacio de cada valle de manera independiente.

Los exploradores de las regiones montañosas o polares aprendieron estas lecciones, en algunos casos muy duramente, y aún gente muy experimentada erró en los pronósticos meteorológicos puesto que si bien con observar las nubes se puede tener una cierta probabilidad de lo que va a ocurrir, no se puede tener la certeza, y a medida que aumenta la incidencia de más factores en la evolución del fenómeno, más difícil se tornará saber qué es lo que harán las nubes.

En algunas regiones en las que se combinan las montañas y el mar, como ocurre en los fiordos, la cuestión puede complicarse aún más. No por nada regiones como Escandinavia, Alaska y la Patagonia resultan tan problemáticas para la navegación. Hoy en día se cuenta con numerosos medios para pronosticar el tiempo, pero hay ocasiones en los que esos medios pueden no estar al alcance de un navegante. En esos casos, lo mejor es desistir del intento, si resulta posible, puesto que de lo contrario, con la observación de las nubes no bastará para asegurar un pasaje seguro por una región complicada en lo meteorológico.




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