P. Edronkin

¿Qué determina la altura de las montañas más altas?



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El Everest es la montaña más alta de la superficie terrestre y continua creciendo a medida que el subcontinente indio presiona hacia el norte, a la placa continental de Asia, pero por razones que tienen que ver con la geofísica, no podrá crecer mucho más: a medida que una montaña crece se hace mucho más pesada, y la presión sobre la roca que constituye su base se hace tan grande que al elevarse lo suficiente la temperatura, el manto rocoso empieza a fundirse.

Con ello la base de la montaña se ablanda y esta comienza a hundirse a un ritmo igual o superior al crecimiento provocado por otras causas, y por ello solamente podemos tener en nuestro planeta montañas quizás un poco más altas que el monte Everest, pero no mucho.

Y del mismo modo que crece esta montaña pero va a llegar a un punto en el que ello ya no va a continuar, las oportunidades que se nos van presentando cotidianamente no deben ser dejadas de lado, especialmente si sentimos que es nuestro día de suerte.

Si vemos de qué manera los exploradores han intentado llegar al Monte Everest y cómo numerosos montañistas continúan tratando de llegar a la cima de esta célebre montaña a pesar de los peligros, podremos comprender de qué manera están hechos los ganadores. La gente que sube montañas y tiene éxito se caracteriza por su destreza en la escalada de hielo y roca, pero también - y sobre todo - por su persistencia. Los montañistas experimentados saben que es probable que no puedan ganar en el primer intento: a veces deben regresar a su campamento base aún habiéndose acercado a cincuenta metros de la cumbre, debiendo volver otro día, otra semana, otro mes y aún en otro año.

Curiosamente, el Monte Everest no es estrictamente la montaña más alta de la Tierra en un sentido estricto, pues algunos de los volcanes y montañas que se encuentran debajo de las aguas oceánicas son aún más elevados si se mide la altura desde su base absoluta hasta su cumbre. Y esto se debe a que el simple hecho de estar bajo el agua tiene un efecto diferente en la distribución de peso de la montaña y por consiguiente, en la presión que es ejercida en la base.

A este límite físico que no es factible superar en la Tierra debido a su fuerza de gravedad más o menos constante, tenemos que agregar que el movimiento de las placas tectónicas o continentales hace que a medida que vayan creciendo unas montañas otras se vayan destruyendo, y si sumamos a esto el efecto de la erosión, resulta sencillo ver por qué hay relativamente pocas montañas muy elevadas.

En otros planetas donde la corteza resulta más blanda que en el nuestro, o bien donde las fuerzas gravitacionales son mayores, la existencia de montañas y una mayor elevación de las misas resulta más improbable, mientras que en otros casos, como en Marte, donde hay muy poca o ninguna actividad tectónica, las montañas pueden crecer hasta alcanzar alturas mucho mayores.




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