P. Edronkin

¿Es el objeto de la alquimia una imposibilidad para explorar?



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Los alquimistas dedicaron sus vidas a intentar obtener dos cosas: la vida eterna y la piedra filosofal; de acuerdo a nuestros conocimientos de la física y la química, por ahora se piensa que tales cosas no resultan posibles pero ¿es realmente así o nada es imposible?

La cuestión de la vida eterna es algo que no podemos lograr sencillamente porque no tenemos todavía medios para almacenar una vida, que sean perdurables o al menos intercambiables. En cuanto a la piedra filosofal, su obtención le hubiera dado a la alquimia - al menos en teoría - la capacidad de convertir cualquier cosa en oro.

Los alquimistas buscaban obtenerla con el fin de convertirse ellos en millonarios y también a los mecenas para los que trabajaban. Pero también realizaban importantes investigaciones que sí rindieron sus frutos en materia de química, biología y medicina.

Hubo algunos importantes alquimistas a lo largo de la historia, e incluso algunos científicos de renombre, como Isaac Newton se dedicaron a la alquimia. Pero también se manejaba mucha política y muchos favoritismos en torno a esta proto-ciencia: los alquimistas recibían subsidios y favores importantes, y naturalmente eso crea intereses de todo tipo.

Muchos de los grandes libros de alquimia están escritos empleando códigos secretos y un lenguaje elíptico y misteriosos que cumplía varios objetivos: impresionar a los crédulos, ocultar los fracasos en los objetivos principales de la alquimia, y también ocultar los éxitos en los diversos descubrimientos que se iban haciendo, puesto que antiguamente no existían los derechos autor o registros de patentes y naturalmente, los inventores y descubridores no querían imitadores.

Las leyes y tratados que protegen a los autores e inventores son relativamente nuevas, y estos investigadores no tenían otra manera de incrementar la seguridad en sus laboratorios. Por otra parte, ser realizaron numerosas expediciones y viajes de exploración en busque da de sustancias necesarias para los alquimistas, y estos fueron los únicos que conservaron y transmitieron por generaciones ciertos conocimientos que eran considerados como contrarios a las doctrinas religiosas y por lo tanto, equívocos y prohibidos.

Los alquimistas desconocían la estructura de la materia y por lo tanto no sabían en realidad qué es lo que diferencia al oro de otros elementos químicos, que es solamente su estructura atómica. Por lo tanto, si se altera la estructura del átomo de un elemento químico cualquiera quitándole o agregándole partículas (procesos denominados fisión y fusión nuclear, respectivamente), se lo puede convertir en otra cosa.

De hecho, la radiación natural que hay en la tierra, que es del tipo de fisión, o sea, partición de átomos quitándole elementos, en esencia, hace que todos los elementos radioactivos terminen convirtiéndose en plomo, que en la tabla periódica de los elementos se encuentra bastante cerca del oro. Esto quiere decir que atómicamente hablando, el oro y el plomo no son muy diferentes.

Existen hasta donde se sabe, siete series radioactivas o formas en las que invariablemente, por fisión, la materia termina convirtiéndose en plomo a lo largo de miles de millones de años en algunos casos, dependiendo de la vida media de cada elemento radioactivo. La fusión nuclear es un proceso que se observa en las estrellas, y es inverso a la fisión. O sea, consiste en el agregado de partículas a un átomo, pero requiere de mucha más energía.

Por lo tanto, aquí tendríamos dos métodos para obtener oro de lo que sea, como querían hacer los alquimistas. El problema es que por ahora, el costo del oro obtenido de esta forma sería tan elevado que su producción no resultaría para nada práctica, y las probabilidades de éxito, con la tecnología que tenemos serían más bajas que ganar en un casino.

A los alquimistas se les debe mucho más de lo que se reconoce, porque fueron relegados al ostracismo por el poder y la religión, en su momento, y posteriormente ridiculizados por la ciencia; pero no estaban equivocados en todo lo que hacían, y puestos en un contexto histórico adecuado a la cronología de su tiempo, su actividad resulta encomiable.

No podemos saber lo que nos depara el futuro, pero por ahora tendremos que contentarnos con hacer fortuna con los métodos tradicionales.




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