Las primeras expediciones de exploración al Everest y al Himalaya


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Federico Ferrero

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Los primeros intentos de ascenso al Everest y a muchos de las montañas del Himalaya para lograr llegar a su pico, han sido siempre, como es lógico, los más comentados. Sin embargo, estas expediciones de montañistas fueron muchas veces precedidas por un trabajo de exploración que no tenía como principal objetivo hacer cumbre, sino otro mucho más amplio que ascender hasta la cima de una montaña por primera vez: explorar una región remota.

Aunque parezca una total obviedad, es imposible subir una montaña si no se sabe primero siquiera cómo es, porque no se sabe por dónde y/o de qué manera llegar hasta su base. Actualmente esto, pese a ser tan evidente, es algo que pocos (montañistas incluidos) se pusieron a pensar una vez, o por lo menos a considerarlo para una de sus expediciones; pero en la época en que se empezaba a considerar escalar las primeras montañas del Himalaya (principios del siglo XX) era todo un problema, o más bien, la primera parte del problema. Parte que sin lugar a dudas implicaba una labor de reconocimiento exploratoria previa fundamental e ineludible.

Y esto era así porque en los inicios del montañismo no existían medios para reconocer a distancia una región o territorio a explorar: no había fotografía aérea (pocas aeronaves habían volado todavía por encima de los 9.000 metros de altitud) y por supuesto, tampoco fotografía satelital.

Así, lo primero a plantearse antes de pensar siquiera en una expedición de exploración para subir una montaña, era hacer una con el objetivo de explorar la zona donde se encontraba dicha montaña, y no particularmente una vía de acceso hasta su cumbre. Estas expediciones de exploración no solamente servían como una primera aproximación para poder conocer una ruta segura a las inmediaciones de la o las montañas a escalar, tanto para montañistas experimentados, como para porteadores y sherpas con mucho peso a sus espaldas y en su mayoría sin experiencia en ascensión de ningún tipo. Tenían también objetivos científicos muy concretos y ambiciosos: medición de alturas, descubrimiento y clasificación de especies de flora y fauna, análisis geológicos o incluso antropológicos, reconocimiento geográfico, etc.

Evidentemente no podía desaprovecharse la oportunidad de conocer más sobre una zona inexplorada cuando se hacía una expedición de estas características. Por lo tanto, estas primeras expediciones de exploración a las altitudes más extremas de la tierra, no eran meras avanzadillas de futuras expediciones alpinas de aproximación para subir alguno de los grandes ochomiles del Himalaya, eran verdaderas expediciones de exploración en su sentido más puro: de búsqueda de conocimiento, tanto científico como deportivo.

Estaba integradas por médicos para estudiar los efectos de la altura sobre la salud y los seres vivos; biólogos para estudiar animales y vegetales; geólogos, topólogos y cartógrafos colaboraban para analizar las particularidades del terreno, su formación y evolución y conformar mapas a partir de los primeros relevamientos geográficos "in situ", etc.

El ejemplo más famoso de expediciones de este tipo, es el de la primera que se aventuró por la región que circunda al Everest. Cuando por fin se recibió la autorización de las autoridades tibeanas para realizarla, las mediciones de altura con las que se contaba de la montaña se habían hecho a más de 150 Km de distancia de la misma por autoridades indias. Esto significa que la zona inexplorada alrededor del Everest (al menos por ojos occidentales) era realmente impresionante.

Esta primera expedición de exploración llevada a cabo por ..... y sus correspondientes porteadores sherpas, tardarón varios días en siquiera saber a qué se enfrentaban: hasta que transcurrieron unas cuantas jornadas de marcha no pudieron siquiera ver el Everest, y hacerse una idea de su forma a la distancia. Su figura era vista por primera vez por aquellos que tenían en mente conquistar su cumbre.



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