¿Qué parte de la humanidad se salvaría en el espacio?

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Pablo Edronkin

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Se ha hablado con relativa frecuencia sobre la importancia de explorar y colonizar otros planetas con el objeto de garantizar la supervivencia de la humanidad en caso de una catástrofe planetaria pero ¿cómo sería esa humanidad que se salvaría?

Ciertamente que en caso de destruirse el planeta Tierra, muchas de nuestras obras arquitectónicas, de arte y del conocimiento no se salvarían dado que resulta poco factible, al menos con los medios actuales o previsibles para el futuro, que se pueda transportar piedra por piedra a una de las pirámides egipcias, a los castillos españoles o a museos enteros. Del mismo modo, no toda la humanidad se podría salvar.

Quienes estén viviendo en otros planetas, el día que eso se haga, y si son autárquicos respecto de la Tierra, es muy probable que se salven como representantes de nuestra especie excepto que la destrucción del planeta hogar los lleve a alguna forma de suicidio colectivo. Y ciertamente que las especies animales y vegetales que habitan nuestro planeta, salvo las que sean transportadas hacia otros mundos, tampoco se salvarían. Es decir, salvar a la humanidad y la vida de nuestro planeta sería muy probablemente una tarea parcial.

Y dado que lo más probable, como acabamos de ver, es que en tal caso no podría salvarse a todos, la realidad es que se debe considerar que en tal caso se van a aplicar por la naturaleza propia de las cosas, mecanismos de selección. ¿Qué y quiénes se salvarían, y por qué?

Uno de los factores que determinaría tal cosa es la urgencia del asunto: si la eventual catástrofe ocurriese sin previo aviso, indudablemente que solamente los que estén fuera del área afectada - todo el planeta y eventualmente, sus cercanías - se salvarían, pero si el lapso de tiempo fuera suficientemente corto como para que no se pudieran hacer preparativos extensos, los primeros que se salvarían serían quienes cuenten con medios para escapar del problema. Es decir, los propietarios de vehículos capaces de sacarlos de allí o bien aquellos en condiciones de pagar para escapar. Hasta aquí no parece que tal situación fuera muy diferente de lo que hemos visto en catástrofes y desastres más terrenales.

¿Pero qué sucedería si noticias de la eventual catástrofe se difundieran con apreciable anticipación? Desde luego, se tratará de evitar tal cosa, pero no en todos los casos ello sería posible: quizás se podría desviar un asteroide, pero no un agujero negro o los efectos de una supernova. ¿Qué pasaría entonces, cuando la gente se de cuenta de que mayormente está condenada?

Consecuencias inmediatas:

El pánico: irracionalmente la gente tratará de huir, incluso a sitios que no ofrecerían ningún tipo de protección. Es decir ¿de qué serviría ocultarse de bajo de una mesa si el problema es un agujero negro que fagocitará al planeta? Sin embargo, las personas en desesperación podrían intentar tales cosas.

Caída de la ley el orden: ¿para qué respetaría la gente a los estados y las leyes si no les serviría de nada? ¿Para qué continuaría pagando impuestos la gente? Entonces los estados quedarían desfinanciados y ¿cómo actuarían? Es muy probable que la situación lleve a un ciclo de rebeliones y represiones violentas y por último, a la dictadura estatal con el objeto de mantener algo de control.

La desaparición de todos los medios de salvación: quienes posean vehículos - en este caso, naves espaciales - capaces de escapar del problema prontamente se irán, los utilizarán con objeto de lucro para hacer fortuna, los esconderán con el objeto de que no se los quite la gente o las autoridades, les serán quitados y sus nuevos "dueños" actuarán de la misma manera.

La pelea por los recursos

Los medios necesarios para salvar a la totalidad de la población de la Tierra difícilmente estén disponibles: incluso en la actualidad no existen medios de transporte capaces de llevar de un lugar a otro en el planeta a toda la humanidad al mismo tiempo. No existe en la actualidad un número suficiente de aviones, barcos, trenes o incluso bicicletas como para que todas las personas del mundo puedan viajar al mismo tiempo. La razón es simple: no sería económicamente viable mantener semejante flotilla de vehículos sin darle un uso, y como no todos viajamos al mismo tiempo, sencillamente no hace falta construir y operar más que un número determinado de vehículos. Este principio probablemente se aplique por igual en el futuro distante, incluso en lo que respecta a las naves interestelares.

Pero más aún: a medida que se requieren mayores prestaciones en el caso de cualquier medio de transporte, tales como autonomía, velocidad o alcance, aumentan los costos de construcción, adquisición y operación. Por eso es que hasta un niño puede comprar una bicicleta, pero solamente una parte de la clase media puede adquirir un coche para la familia, menos aún un velero para pasear los fines de semana, y muy pocos pueden poseer un avión o helicóptero. ¿Quién estaría entonces en posición de poseer una nave espacial?

Esto quiere decir que inevitablemente, quienes tengan más poder y dinero serán los que tengan más posibilidades de salvarse, ya sea porque poseían desde antes los medios, porque los pueden adquirir o tomar por la fuerza. Lo que podríamos denominar como masas populares solamente podría convertirse en una entidad poderosa como para competir con los ricos y poderosos en semejante carrera por la supervivencia por medio del dinero juntado en colectas, o el uso de la fuerza que otorga el número.

A esto hay que agregar que se debe hacer una diferencia entre salvar a toda la humanidad y salvarla como especie, pues para que sigan existiendo seres humanos no es necesario que sobrevivan todos. Y considerando que la capacidad de transporte de todas las eventuales naves espaciales que podrían existir, puede resultar más importante transportar una mayor variedad de plantas y animales como para salvar también a la variedad de especies que existen en nuestro planeta, que más gente, una vez que se hubiera alcanzado un número suficiente como para reconstruir una sociedad en otro eventual planeta. Y a esto hay que agregar que a pesar de que sería deseable salvar a todos, se debe contar con que el planeta que recibiría a los sobrevivientes difícilmente podría soportar el impacto de la llegada repentina de toda la masa de la población humana. Si se procediera de esa forma, en vez de constituir el nuevo planeta la salvación, simplemente se convertiría en otro lugar para morir.

Triaje: cómo decidir a quiénes salvar

La gente en general reaccionará frente a una situación de catástrofe global de forma similar a como lo han hecho los seres humanos que enfrentaron diversos eventos apocalípticos: se sabe de las evacuaciones que ocurrieron en Pompeya poco antes de que el Vesubio la destruyera. También se sabe acerca de la falta de sentido de urgencia de algunos pobladores que se resignaron, o de aquellos que no se encontraban directamente bajo la acción del volcán, como ocurrió en Herculano, población en la que se produjo un mayor número de víctimas dado que casi nadie la había evacuado debido a la falta de conciencia sobre el peligro que se enfrentaba. Es decir, podemos esperar que frente a una catástrofe planetaria una parte de la población sencillamente se resigne a morir.

Una evacuación ordenada y el rescate de todo cuanto pueda salvarse, incluyendo artefactos culturales, conocimientos, herramientas y máquinas necesarias, especies animales y vegetales, etc. quedará en manos de los distintos gobiernos, los cuales muy probablemente trabajarán de forma conjunta a fin de coordinar tareas y no duplicar esfuerzos. Este proceso de evacuación será paralelo a un número variable de intentos privados, pero en él seguramente se aplicará alguna forma de triaje para determinar qué personas podrán abandonar el planeta.

Cierto tipo de gente, casi con seguridad, no sería admitida:

Ancianos y enfermos terminales.

Personas discapacitadas.

Personas sin ninguna clase de habilidad.

Personas infértiles, incapaces de procrear.

Criminales, presidiarios y enfermos mentales.

Se puede ver a partir de todo esto que los ricos y poderosos, ya sea por formar parte de los estamentos políticos de los estados, o bien por poseer fortunas personales, estarían corriendo con ventaja frente a una catástrofe de tal magnitud, pero que la población en general podría tener alguna posibilidad, en principio, de ser salvada gracias a sus propias acciones. Sin embargo, el gran número de la masa, si bien puede juntar el dinero suficiente como para, en tal caso, adquirir naves, construirlas, o bien comprar o lugares en las ya existentes, difícilmente podría adquirirlos para todos los interesados, y el uso de la fuerza se ve limitado puesto que las masas se pueden detener con el uso de armamento. Una vez más, la gente común quedaría condenada.



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