Cuando aparecieron las armas de fuego hace ya varios siglos la tecnología no era suficientemente precisa como para hablar de estándares, pero poco a poco se arribó a la producción de munición que puede ser disparada no solamente por las armas de un solo fabricante o de aquellos de países aliados sino incluso, las de un enemigo para ahorrar recursos y para lograr la supervivencia en el campo de batalla.
Un caso singular es el de la bala 9x19mm Parabellum, que se ha convertido en munición estándar de la OTAN y fue favorecida pro los británicos desde la segunda guerra mundial en una situación muy particular: Durante los dos primeros años de la contienda los británicos estaban desesperados por obtener municiones y armas aptas para el combate de donde fuera, y comenzaron por importar de los Estados Unidos los subfusiles Thompson y las pistolas Colt calibradas para los proyectiles .45 ya comunes en EE:UU. De esta forma también adquirieron las pistolas semiautomáticas Ballester Molina .45 de la Argentina, principalmente para su uso en el norte de áfrica, donde por coincidencia, capturaron un importante arsenal de los italianos en el cual había ingentes cantidades de proyectiles del 9 Parabellum, así como armas.
Por otro lado, por aquel entonces muchos técnicos e ingenieros que escaparon de Bélgica, entre otros países, se encontraban trabajando en el Reino Unido. Algunos de ellos habían trabajado en la FN Herstal y conocían la pistola Browning del 9 Para, también utilizada por los aliados. Necesitados como estaban los británicos en aquellos días, no destruyeron el arsenal capturado sino que decidieron utilizar la munición para sus nuevos subfusiles STEN y la pistola Browning. Ya conocían el proyectil desde la primera guerra mundial, se trataba de un diseño probado, apto para las armas automáticas, contaban con ingenieros y técnicos exiliados que entendían el proceso de fabricación, y contaban con una ingente cantidad de esas balas para empezar.
Por ello es que decidieron adoptar como estándar al calibre de sus enemigos, puesto que tenían que competir en poder de fuego con la infantería alemana que entonces poseía una ventaja táctica importante en ese sentido. El STEN no era mejor que las armas italianas o alemanas, pero se produjo en un número enorme y era muy barato. Irónicamente, hacia finales de la contienda fueron los alemanes los que copiaron casi exactamente el STEN, usando también la munición de 9 mm, y luego los argentinos e indonesios hicieron lo propio, fabricando STENs y también Brownings de 9mm en sus propios países. Posteriormente, el calibre 9 Para se convirtió en estándar de la OTAN.