Ganar premios, la lotería, o en un juego de azar, hallar oro o piedras preciosas, o animales exóticos y desconocidos son cosas que muchas veces creemos más mitos que aunque sea, aventuras en el sentido más puro de la vida real.
Sin embargo, estas cosas existen más allá del mito; hay gente que gana premios extraordinarios y juegos de azar, hay exploradores que encuentran oro, e incluso se encuentran especies animales y vegetales desconocidas o asumidas como extintas incluso hoy en día, en un mundo que se jacta de haber aprendido casi todo lo que hay para aprender.
Tomemos el caso del coleacanto 'Latimeria', un pez perteneciente a una familia que se creía extinta hace decenas de millones de años, pero que a principios del siglo veinte fuera hallado viviendo y prosperando en las costas africanas.
Cuando un biólogo inglés encontró el primer ejemplar vivo de uno de estos peces, aún enviándolo congelado a Gran Bretaña, tuvo que luchar contra el escepticismo de sus colegas. Y algo similar ocurrió cuando se encontró el primer ejemplar de un ornitorrinco, que se creía que era un fraude consistente en tomar un cuerpo de algún roedor al que se le había cosido un pico y patas de un pato.
Hay cosas increíbles en nuestro mundo, y no hay que temerle al azar en este sentido; Si existe una posibilidad de ganar algo, hay que atreverse a por lo menos no descartar esa oportunidad que se nos presenta. Si rechazamos de plano tal posibilidad, entonces ya tendremos la seguridad de que a nosotros no nos va a tocar una porción del pastel, pero seguramente sí a otro.
Atreverse a aprovechar las oportunidades es una de las definiciones posibles de la aventura.