El pueblo fenicio poseía un don natural para los negocios, y dedicarse al comercio en aquella época requería de una buena combinación de destrezas en lo comercial, por supuesto, pero también en lo militar y lo exploratorio, pues aventurarse en regiones desconocidas donde había que orientarse, explorar y sobrevivir, lo cual no era fácil y además había que defenderse de toda clase de peligros.
Poco a poco la cultura fenicia, apostando a ganar pese a todas las dificultades que encontraron, conquistó una buena parte de las costas mediterráneas e incluso sobrepasaron lo que se conocía como ' Los pilares de Hércules', que no era nada más ni nada menos que el peñón de Gibraltar y que se considera como una zona muy dificultosa para la navegación: esto lo lograron por ser excelentes pilotos navales y navegantes. También crearon asentamientos y colonias en la costa atlántica de Marruecos y uno muy importante en la desembocadura del Guadalquivir: Tartesos, desde donde se encontraban en condiciones de comerciar con los pueblos de antaño de las islas británicas: de allí obtenían principalmente estaño. Cartago, la ciudad tan odiada, temida y vilipendiada por los romanos, no era más que una de las colonias fenicias, fundada en el año 814 A.C. y que poco a poco cobró relevancia dentro del mundo fenicio hasta convertirse en un imperio por derecho propio, y hay que decir que a pesar de la propaganda romana, en los territorios africanos de la cultura fenicia la gente poseía un alto nivel de vida para la época - un auténtico caso de confort primitivo -, que incluía casas con pisos de mármol, baños de vapor, etc. y no como excepción sino como norma; de la prosperidad de Cartago provenía el peligro para Roma, pues después de cada guerra en la que destruían a sus vecinos y enemigos del sur, los líderes romanos frecuentemente se asombraban angustiosamente por la velocidad de recuperación del pueblo fenicio en lo económico y militar.
Eventualmente Cartago fue destruida por los romanos junto con todos sus restantes asentamientos que se encontraban en lo que hoy son en Libia, Túnez y Argelia, pero por muchos siglos Fenicia constituyó lo más avanzado de la civilización en Europa y el norte de África; este pueblo originario del Líbano apostó fuerte, y ganó, pues su legado nos llega incluso hasta hoy en día de muchas maneras. Eso es lo que se obtiene cuando se incrementa la apuesta.