Pocas veces los grandes premios se pueden obtener sin necesidad de grandes esfuerzos: China, hacia el siglo XIV, contaba con la tecnología naval más avanzada del mundo, y esa antigua nación emprendió grandes proyectos de inversión en astilleros e ingeniería naval con el objeto de comerciar.
Uno de los más famosos marinos chinos fue el almirante Zeng He, un eunuco de origen musulmán, étnicamente chino, que construyó una enorme flota de cientos de barcos, entre los cuales se destacaban los míticos 'Barcos del tesoro', que eran veleros de entre setenta y ciento sesenta metros de largo, provistos tanto para la guerra como el comercio. Sus técnicas de navegación también eran las más avanzadas y así, Zeng He emprendió numerosas campañas comerciales y militares hacia la actual Indonesia, Sri Lanka, la costa malabar en la India, Yemen, desde donde se supone que finalmente pudo cumplir e sueño de todo musulmán, que es visitar la ciudad de La Meca, e incluso visitó Zanzíbar, en áfrica, donde quedaron algunas colonias que todavía existen a pesar de la mezcla étnica con los pueblos africanos.
Explorar en cualquier ámbito es una actividad muchas veces incomprendida porque la mayoría de la gente y principalmente los líderes que dirigen una sociedad pocas veces entienden lo que significa hacer algo con miras al largo plazo. Así es como se privilegia a todo lo que otorga satisfacción inmediata por sobre las cosas que a la larga pueden brindar un mayor rédito.
Esto explica por qué desde los exploradores navales como este almirante chino hasta los artistas - que son exploradores de ideas - raras veces son apreciados en su tiempo, y si lo son, también sufren el escarnio de la envidia y el temor a lo desconocido de gente conformista de todo tipo.
La gente tiene una tendencia natural a permanecer confortablemente mediocres y los exploradores son los inoportunos que tratan de sacarlos de su cómodamente pequeño esquema mental; eso rara vez es perdonado.
Cualquier persona que esté pensando dedicarse a la exploración o a la innovación tiene que comprender que probablemente recibirá la ingratitud de sus semejantes y contemporáneos; la recompensa siempre la otorga la historia, y no necesariamente como premio al éxito en la exploración en sí misma sino más bien a la persistencia.