Conteniendo la difusión de la boludez (II)


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Federico Ferrero

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Así, la "marca Honduras" (porque ahora los países también se manejan como marcas, como productos, según se afirma) se vería perjudicada en aquellos lugares en donde se tenga una idea basada en la inmigración ilegal, o en telenovelas plagadas de estúpidos, de lo que son los hondureños y (contrariamente) la imagen de este país se vería beneficiada en aquellos lugares donde solamente se conozcan a los mejores cerebros, personas más educadas y cultas del país.

Si un país está en la situación en la que gran parte de su población no es educada ni cualificada comparada con el resto del mundo, difícilmente (la historia lo demuestra) se puede impedir una cierta cantidad de inmigración, ya sea de los que los pocos de clase media, cualificados y cultos a un ambiente donde se sientan mejor (fuga de cerebros) o de inmigración ilegal o personas menos cualificadas de clase baja (si las condiciones económicas se lo permiten). Pero lo que sí puede evitarse, por ejemplo, es la importación de programas televisivos en donde se fomente el uso de un lenguaje vergonzoso, que de una imagen de decadencia del país, sea esta o no la imagen que incluso tengan la mayoría de sus propios ciudadanos. Dicho de otra forma, puede ser un país decadente, pero al menos no parecerlo. No "importar" esta decadencia en forma de "estupidez mediática", hacer que la marca "PAIS X" sea buena, y que así fomente una mejora de posible decadencia que oculte esa imagen. En la práctica, una medida directa contra esto significaría que las series nacionales debería pasar un estricto control en cuanto a la forma de educación y potencial cultura de la decadencia que difunden. Pero quién haría este control y bajo qué criterios (que deberían ser educativos, culturales, etc.) para imponer ciertos filtros, sería una cuestión delicada de decidir, porque en seguida podría acusarse a este tipo de medidas de censura o atentados contra la libertad de expresión. Por eso la solución correcta no parece pasar por prohibir, sino aumentar la oferta de programas culturalmente relevantes, para que los que difunden la decadencia y la mediocridad queden "ahogados" por estos, dando una imagen global mejorada de la cultura nacional de que se trate.

Este lavado de imagen de la cultura de un país de cara al exterior podría sonar hipócrita, pero es lamentablemente una estrategia que rinde beneficios demostrados, y que se aplica tanto a un producto como a una marca con potencialidad (incluyendo, como dijimos, a los países tal como ahora se manejan), que recién empieza a mejorar de verdad. Esta estrategia tiene que cumplirse a rajatabla, y puede resumirse en: hay que dar una mejor imagen con los vecinos mientras ponemos la casa en orden, empezar (por así decirlo) por pintar la fachada y mostrar la voluntad de mejorar. De otra forma, la mediocridad atenazará a estos países en desarrollo frente a los que realmente hacen las cosas bien (o que dominan), porque estos siempre pondrán de relieve nuestros errores por el simple hecho de estar ahí.



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