La idea de la existencia de monstruos proviene casi con seguridad de fósiles de dinosaurios hallados mucho antes de que se explicara su origen, hacia mediados del siglo XIX con el nacimiento de la paleontología, pero más allá del hecho de que se sabe de dónde provienen algunos gigantescos esqueletos, eso no deja de sorprendernos. Es más: esos esqueletos en sí son sumamente valiosos, pues valen millones de dólares en algunos casos.
Y estos 'monstruos' tienen que ver también con la suerte, como nos demuestra el caso de Roy Chapman Andrews, un explorador norteamericano que a inicios del siglo XX viajó a Mongolia para buscar restos de los orígenes de la civilización humana, y en realidad encontró algo muy diferente pero extraordinariamente valioso: gracias a la expedición de Andrews se descubrieron los primeros huevos de dinosaurios, una enorme cantidad de especies diferentes, fósiles de los primeros mamíferos, y hasta los restos de lo que él llamó 'Baluchiterium' y que también se conoce como 'Indricotherium': se trata del mamífero terrestre más grande que hubiera existido, un rinoceronte de más de siete metros de altura y un peso estimado de treinta toneladas, que vivió en esa región hace unos treinta millones de años.
Así que Roy Chapman Andrews cruzó el mundo hasta Mongolia ara encontrar algo que no pudo hallar, pero la suerte le sonrió y encontró algo incluso mucho mejor y más importante. La moraleja es que también tenemos que confiar en la buena suerte.