P. Edronkin

La naturaleza del juego es la naturaleza del hombre



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Nuestra sociedad ha desarrollado diversas maneras en las que se puede jugar y ganar premios; las apuestas son inherentes a la especie humana y trascienden las culturas. Vamos a encontrar ejemplos de apuestas tanto en la civilización occidental actual, así como en la antigua China o entre los indios del continente americano.

Entre los aztecas, por ejemplo, era común que hasta uno pudiera apostar su propia libertad por un cierto tiempo; así, una persona libre podía convertirse en esclavo, y luego volver a ser libre. También era curiosa la manera en la que se apostaba: se utilizaban semillas de cacao como moneda.

De la misma manera, tenemos curiosidades similares en muchas culturas del mundo; cierto príncipe ruso decidió apostar su propia vida y para ello empleó un revólver. Fue el primer perdedor en el juego de la ruleta rusa que a pesar de su insana y de estar prohibido universalmente, atrae apuestas clandestinas bastante abultadas.

Se apuesta de todo en el mundo: hace unos años se bloqueó un sitio web offshore que levantaba apuestas sobre muertes célebres. El juego consistía esencialmente en apostar qué celebridad o personaje sería el primero en dejar este mundo, y en qué momento lo haría. Naturalmente, el juego fue prohibido porque alguien podría intentar influenciar las apuestas, asesinando a algún personaje.

En distintas culturas se apuestan distintas cosas: en Afganistán y Pakistán son frecuentes las apuestas en las que lo que está en juego no es dinero, sino cabras o caballos que particularmente para los miembros de la etnia Pashtún, poseen una importancia especial. Algunas apuestas sobre hipótesis científicas o argumentos intelectuales se han hecho jugando sobre un café o una cena, y en unos pocos casos, sobre todo en situaciones extremas o de supervivencia, se ha apostado comida.

A veces, cuando quienes integramos Andinia estamos en el transcurso de una expedición, no falta quien apueste parte de su comida o algo por el estilo. Esto no lo aprobamos, porque la comida es necesaria para sobrevivir y mantenerse en forma en tales situaciones de exigencia física, pero a veces sucede.

Hasta podemos decir que las garantías que ofrecen los fabricantes de los más variados servicios son una especie de apuesta, y los clientes que deciden comprar los productos en base a esas garantías son también deseosos jugadores.

No hay por qué negarlo: el juego y las apuestas son parte de la naturaleza humana tanto como cualquiera de nuestras funciones biológicas o sociales.




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