¿Cuál puede ser la razón para construir un laberinto acarreando miles de piedras de un lugar para el otro? ¿Locura? ¿Arte? ¿Espíritu explorador?
A las pocas personas a quienes les habíamos revelado hasta el momento de esta publicación la existencia de nuestro laberinto en el valle del Motoco, nuestra idea les parecía desde una locura hasta una total pérdida de tiempo, pero lejos de eso, constituye una acción que creemos es positiva, en primer lugar, para nosotros mismos, sus constructores, como así también para la gente que alguna vez se atreva a ir hasta allí.
Fuimos a buscar leña, pero terminamos haciendo algo completamente diferente
Y la razón es muy simple y se debe a una cuestión de distinta perspectiva sobre el mismo asunto: En vez de preguntarnos ¿por qué? Nosotros nos preguntamos ¿por qué no?
La construcción de una obra de semejante tamaño y en un lugar tan aislado como el valle del Motoco sin que nadie se haya enterado hasta ahora de su existencia - pues no ha sido reportada - es una prueba de que nadie circula por allí realmente más allá de lo que algunos afirman, pero eso es para nosotros un aspecto completamente secundario de todo esto. La existencia del laberinto viene tomando forma desde que en 1998 lo pensamos por primera vez.
Tuvimos numerosas ideas al respecto pero finalmente pusimos una de ellas en práctica casi por casualidad, cuando fuimos a recolectar leña. En primera instancia observamos que el sitio del cual podíamos obtener combustible resultaba muy interesante como para levantar un campamento. Decidimos entonces construir un refugio y quedarnos allí una noche.
Puede ser que este cóndor, el mítico águila de Zeus para los conquistadores españoles, nos dijera por lo bajo que allí debíamos hacer algo más que simplemente estar.
Al día siguiente consideramos que el refugio era bueno, pero había un poco de viento donde nos sentábamos a conversar, tomar mate y comer, por lo que decidimos levantar una pirca, y de allí a extenderla para mejorar su rendimiento rompiendo el viento, y luego para empezar a construir el laberinto hubo muy poco para considerar.
En realidad podemos hacer que el laberinto sea tan grande como se nos ocurra. No hay límites en cuanto al tamaño que podría alcanzar y sabemos que no vamos a ser nosotros quienes alguna vez lo vamos a terminar. ¿Quién sabe? Quizás quede olvidado en la noche de los tiempos, aunque la solidez de sus paredes va a impedir que desaparezca, o tal vez se convierta en un trabajo de generaciones por venir.
En el lugar apareció un refugio... después unas paredes...después un laberinto.