Nuestro laberinto de piedra del valle del Motoco cuenta con un reloj de sol que construimos con un fin bien específico.
Ya hemos presentado nuestro laberinto de piedra, construido en el valle del Motoco y que constituye un pasatiempo para nuestros exploradores que pasan por la zona. Dentro de ese laberinto hay un par de estructuras que son funcionales al mismo y que resultan de gran utilidad para nosotros. Una de tales estructuras es el reloj solar del laberinto, construido con el objeto preciso de dejarnos saber, pase lo que pase, no cualquier hora sino las cinco de la tarde pues es el momento en el que debemos prepara, justamente, el mate de las cinco.
Clavando los numerales en la faceta del reloj solar con la ayuda de una piqueta y un martillo de piedra.
El reloj de sol fue construido cuando el laberinto se hallaba todavía en estado incipiente, con pocas de sus pircas o paredes de piedra levantadas, sino que mayormente se habían trazado y contorneado, y se habían colocado algunas hileras. La razón para tal premura en construir un objeto que podría considerarse como meramente decorativo o accesorio es que realmente se trata de un objeto importante pues nos permite conocer la hora en todo momento, sin depender de ningún reloj mecánico o electrónico.
El reloj solar marcando las ocho, a la tarde.
Y esto tampoco es un mero detalle: Al trabajar con piedras no se puede llevar objetos delicados encima, ni relojes de pulsera o de bolsillo; sencillamente no durarían ni siquiera media tarde. En cambio, un reloj solar estratégicamente ubicado es algo diferente y por otra parte, nunca debemos darle cuerda ni cambiarle las baterías.
Pequeñas piedras cónicas fueron clavadas en el suelo conformando numerales romanos (más simples de armar que los numerales arábicos en este caso); el método fue sencillo, aunque nos llevó un par de días observar el movimiento del sol en las latitudes australes en las que se encuentra el laberinto y darle precisión aceptable al diseño.
Algunas veces hubo que salir a buscar piedras adecuadas; las piedras sobran allí donde está el reloj, pero no todas sirven.
La piedra angular que conforma la aguja del reloj fue transportada desde cierta distancia; se trata de un objeto de varias decenas de kilos que se ha afianzado muy bien en el suelo.
Una vista del reloj solar del laberinto, antes de la salida del sol.