P. Edronkin

¿Es conveniente desarmar a la población civil?



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¿Es conveniente desarmar a la población civil? En los últimos años y en muchos países del mundo ha crecido la tendencia a desarmar a la población civil, paralelamente al crecimiento de la violencia criminal pero ¿es realmente aconsejable hacerlo?

Incluso quienes no somos todavía ancianos podemos recordar cuando éramos niños y podíamos jugar con nuestras bicicletas en las calles, cuando era raro que te robaran el auto, y cuando las casas no necesitaban alarmas antirrobo salvo que los dueños fueran los propietarios de una pinacoteca privada, o algo así. Y esta historia se repite en casi todas las latitudes. A esto se le agrega la violencia en el crimen, que se ha ido incrementando notablemente: hay menores de edad que te disparan con revólveres, ladrones que golpean a enfermos y minusválidos, asesinos que descuartizan sus víctimas, y muchas otras variantes que constituyen verdaderas hipótesis de supervivencia urbana (ver Supervivencia urbana: Saqueos).

Frente a todo esto ha surgido y está creciendo la tendencia a intentar desarmar a la población y limitar la venta de armas de fuego, pero yo creo que es un error, empezando porque existen dos casos en el mundo al menos en los cuales se puede apreciar claramente que la paz y tranquilidad en una sociedad no dependen de la existencia de armas de fuego, y estos países son Japón, donde prácticamente no existen las armas y siempre estuvieron prohibidas, aún durante la época clásica de los Samuráis, cuando el Japón era extremadamente belicoso y básicamente estuvo en guerra permanente durante ocho siglos. La población civil nunca pudo tener armas en Japón, y en parte es por ello que se desarrollaron algunas artes marciales allí.

Suiza es el otro ejemplo donde siempre estuvieron permitidas, la población mantiene en sus casas el quipo y las armas que emplean como soldados de reserva del potente ejército Suizo, y este país no ha tenido una guerra en siglos, ni se caracteriza por tener una apreciable violencia criminal en sus calles. Estos casos prueba que la paz o la violencia en una sociedad son conceptos independientes de las armas de fuego; se puede tener o no armas, y se puede tener o no tranquilidad. En todo caso, no deberíamos ser hipócritas y necios al disminuir las penas de condenados por crímenes violentos sobre la base de derechos humanos mal entendidos, porque el que es asesino va a matar con una pistola o con una botella rota, con un puñal o a los golpes, porque el crimen se perpetra no sobre la base de quien tiene la pólvora, sino de la sorpresa y la aplicación de fuerza, la cual incluso puede ser solamente física en principio.

LA criminalidad es un asunto que concierne también a la superviviencia urbana y la gente tiene derecho a defenderse: dado que los criminales no van a dejar de usar armas de fuego simplemente porque una ley no se los permita, resulta absurdo y peligroso imponer esas limitaciones a los ciudadanos que deben enfrentar a criminales cada vez más violentos.

Pero existe un argumento adicional para que la población civil mantenga sus armas, y es que una democracia en la cual la gente está armada de forma responsable - eso implica entregar licencias, dar cursos y no necesariamente un libre albedrío armamentístico - es mucho más fuerte que una en la cual no puede defenderse: en efecto, frente a un intento de golpe de estado abierto o encubierto, frente a una invasión externa, la anarquía de una catástrofe natural como un huracán o un terremoto, o una guerra, si la población puede defenderse se contará con un significativo factor de disuasión para los aventureros con malas intenciones que es mucho más efectivo y económico que mantener fuerzas militares de mayor tamaño.

Es decir, si la población se encuentra armada, cualquier enemigo de la sociedad o la nación va a enfrentarse a una situación parecida a la que ocurre en muchas partidas de póquer: ¿tendrá el otro un as en la manga? Eso disuade más que una pila de textos legales. En otras palabras: entregarlas armas significa entregar potencialmente nuestros derechos como ciudadanos, porque la gente desarmada puede ser tratada como ganado, y a las vacas se les ordeña la leche o se las mata con la misma facilidad.

Si en una sociedad crece la violencia, no se debe ser simplista, no se debe ser hipócrita, y no se debe pensar que ello ocurre por culpa de las armas de fuego, que son objetos inanimados y por otra parte ya existían antes de que la violencia creciera. Este fenómeno relativo a la criminalidad se debe a otras causas como el desempleo, la marginalización, la conmutación de penas, la falta de perspectivas, el narcotráfico y otros factores que parece que nadie desea analizar porque ello afectaría a la hipocresía de muchos. Las armas son indudablemente peligrosas y la vida no es ni justa ni agradable muchas veces, pero desde el paleolítico los seres humanos hemos tenido al menos la posibilidad de defendernos: las fuerzas de seguridad, las leyes y normas existen para mantener la ley y el orden dentro de la sociedad, pero no pueden estar en todos los sitios al mismo tiempo. Resulta absurdo pretender relegar el derecho a la legítima defensa al supuesto de que una combinación de leyes y agentes de seguridad podrán evitar todos los crímenes: la realidad prueba que no es así, porque de lo contrario no habría delitos.

Una nación tiene muchos ciudadanos, muchas vidas: usted y yo solamente tenemos una.




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