La deshidratación en la montaña


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Federico Ferrero

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Por distintas causas que repasaremos en este artículo, estando en la montaña al aire libre, la deshidratación es más recurrente que a nivel del mar. La altitud trae aparejados otros factores que favorecen la deshidratación en regiones montañosas durante actividades en el medio natural, por lo que hay que conocerlos y estar prevenidos para actuar en consecuencia.


Video de una ascensión en montaña.

A mayor altura, menor es la humedad ambiente a iguales condiciones ambientales. Esto significa que el aire es más seco. Si el aire que respiramos es más seco, nos "robará" más la humedad. Es decir, no aportará la humedad necesaria a nuestras vías respiratorias, y tendremos que aportarla por nuestros propios medios, contribuyendo así a una mayor deshidratación, sólo por respirar, en comparación a un lugar de menor altitud.

Al mismo tiempo, se constata que a mayor altitud la presión atmosférica es menor. Esto implica un menor cantidad de oxígeno disponible para una misma unidad de volumen, en comparación a un lugar de menor altitud. Dicho de forma práctica: nos costará más conseguir O2 a por cada bocanada de aire que tomemos. Así, padeceremos lo que se conoce como hipoxia, sobre todo antes de que nos hayamos aclimatado y podamos generar más y mejores glóbulos rojos para palear este fenómeno.

Esto hará que respiraremos más rápido (taquipnea), es decir, sufriremos de hiperventilación (inspiraremos más aire en menos tiempo) de forma crónica, para tratar de compensar el déficit de oxígeno. Esto, sumado a la ausencia de humedad, incrementará aún más la deshidratación a través de nuestras vías respiratorias por evaporación.

A su vez, a mayor altitud es menor la temperatura a iguales condiciones ambientales. Se calcula que baja 1ºC cada 150 metros de altura. Adicionalmente, a mayor altitud mayor será la velocidad del viento. Esto se traduce en una menor sensación térmica. Es decir, una menor temperatura real sentida por nuestro cuerpo debido al efecto de convección del viento y al efecto wind chill.

Lo anterior se traduce en más frío, lo que implica potencialmente mayor esfuerzo, ya que hay que usar parte de nuestras reservas energéticas en generar más calor, porque este se perderá más rápidamente. Este mayor esfuerzo se traduce en una mayor transpiración, es decir, una mayor deshidratación por sudoración. Este efecto se agrava muchas veces por dos razones:

- queda un poco "encubierto", ya que al ser el aire tan seco, la transpiración prácticamente no se siente, porque se evapora casi al momento de generarse.

- se transpira más por llevar mucho abrigo, ya que muchas veces no se presta la suficiente atención a que, durante la actividad, el frío se siente menos, lo que se traduce en un exceso de ropa al iniciar la actividad, ropa que ya muchas veces no se quita.

Todos estos factores se traducen en que realizando actividades al aire libre en montaña, en una altitud elevada, y sobre todo en alta montaña (más de 2.500 metros), casi siempre estaremos deshidratados. Siendo la potencial deshidratación segura, hay que beber agua y líquidos en abundancia, porque por mucho que tomemos, lo más seguro es que siempre estemos un poco deshidratados. Sobre las recomendaciones de cuándo y cuánto beber hablamos acá, pero básicamente tenemos que tomar líquidos isotónicos antes de tener sed, antes, durante y después de la actividad física, así nos mantendremos hidratados lo mejor posible durante nuestra estancia en altura.



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