Montañismo y trekking: técnicas de marcha básica en montaña


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Federico Ferrero

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Caminar en terrenos no muy pronunciados y con suelos no especialmente difíciles en montaña no presenta mayores dificultades que el de adaptar la marcha para conservar el equilibrio dinámico (en movimiento, mientras caminamos). Mantener el equilibrio es algo que se hace de forma natural, por lo que cuanto más caminemos en montaña, más ganaremos en experiencia si "oímos" a nuestro cuerpo y le hacemos casos.

Progresando en la montaña
Marchando en la montaña.

Para empezar, sin embargo, como principiante o aprendiz de montañista, es bueno conocer las bases teóricas, los fundamentos de la marcha que nos enseña la biomecánica. Tenerlos en mente nos ayudará a automatizar un paso seguro, sobre todo cuando los terrenos se empiecen a complicar, llevemos una mochila pesada, haya poca visibilidad, viento, frío...en suma, cuando empecemos a movernos en la montaña en condiciones más dificultosas.

Lo normal y correcto al marchar, entonces, sería lo siguiente:

Mirar dónde pisamos, evaluar a dónde nos conviene poner el próximo soporte de nuestro peso, tratando de elegir el lugar más estable para apoyar la planta del pie.

Mantener el centro de gravedad de nuestro cuerpo dentro del área de sustentación. Es decir, que el eje de dicho centro de gravedad pase en principio por el centro de nuestra cadera (L3, aproximadamente). Para ello, tanto en subida como en bajada, el tronco irá medio inclinado hacia adelante (columna semiflexionada).

Para lograrlo tendremos que ir "bamboleándonos", el típico caminar de los humanos, pero de forma más exagerada: cargar peso primero sobre la pierna-pie que acabamos de apoyar (mover sobre ella momentáneamente el centro de gravedad) con toda la planta en el suelo, para liberar el del otro y poder, levantarla (extendiendo las articulaciones correspondientes) y dar el siguiente paso, haciendo funcionar el juego de articulaciones y cadenas musculares correspondientes, y así sucesivamente (¡¡no vamos a enseñar acá como caminar!!).

Sumado a lo expresado antes, al bajar, en los descensos específicamente, tendremos que mantener las rodillas siempre semiflexionadas y procuraremos apoyar primero el talón para luego hacerlo con el resto de la planta, teniendo así mayor estabilidad, y causando un menor impacto a las articulaciones.

Los ascensos y descenso en línea recta la dejaremos para casos en los que el tiempo apremie o no hay la opción de subir en diagonal o marcando zigzags, técnica mucho más efectiva desde el punto de vista del rendimiento, de un mayor respeto de la naturaleza (menor impacto de erosión en el terreno) e impacto en nuestras articulaciones (se "carga" menos peso en cada "choque" contra el suelo de nuestros pies).



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