Como cabe de esperarse debido al tamaño de su nariz y sus ollares, los caballos tienen un muy buen olfato. Así, detectan fácilmente depredadores que se encuentren a sotavento, al igual que pastos para alimentarse, agua para beber, o (por supuesto) yeguas en celo para aparearse. De hecho, los caballos se identifican entre ellos por el olfato antes que por cualquier otro sentido, detectando por este medio no sólo la condición y predisposición sexual, sino incluso el estado de ánimo de su congéneres.
Un caballo olfateando a una yegua, para verificar su celo.
Esta habilidad de los equinos puede ser muy útil en situaciones de supervivencia al aire libre (buscan agua y comida, esta última al menos para ellos), pero también puede ocasionar problemas cuando yeguas o caballos buscan "compañía". Así, es una norma que al moverse en grupos, los jinetes que tengan caballos "enteros" (no castrados) vayan adelante, seguidos por los caballos, y por último por las yeguas.
La "expresión de flehmen", una elevación y apertura de los labios superiores de la boca de caballo hasta casi taparse los ollares ( similar a un beso durante el cual dejan ver sus dientes) indica que están olfateando el aire en busca de determinados datos olfativos para interpretar. Sería similar a la acción de olfatear de canes, felinos u otros mamíferos.
Se aprecian claramene los ollares del caballo su suela no tiene relieve y son de una goma más flexible.