Los caballos oyen no sólo las frecuencias audibles por los seres humanos, sino que (al igual que los perros) captan sonidos en frecuencias más bajas y más altas. Mientras que el ser humano capta sonidos entre los 20.000 y los 12.000 Hertz, los caballos pueden oír frecuencias que rondan los 25.000 Hertz.
Así, los caballos pueden detectar leves sonidos, y reaccionar en consecuencia, ya sea alarmados o alertas. Un animal, el paso de un vehículo, el viento o cualquier otro ruido al que no asocien con algo que conozcan efectivamente como seguro, puede alterarlos o asustarlos.
El caballo mueve sus orejas para captar sonidos, como los gatos.
Aunque no se sabe si está relacionado exactamente con el oído o con otro tipo de percepción instintiva, los caballos como muchos otros animales se anticipan a los terremotos o movimientos de tierra, y siempre que pueden reaccionan en consecuencia, escapando hacia un lugar seguro.
Los caballos, al igual que los perros, tienen la inteligencia suficiente como para interpretar o reconocer varias palabras (y por tanto obedecer o actuar en consecuencia) sobre todo si se los educa para ello. En doma clásica (entrenamiento en los países latinoamericanos), sin embargo, se busca evitar ayudas verbales, lo cual hace al caballo independiente de este tipo de señales, y más atengo a los códigos no verbales o manuales que se le indican con las riendas, las piernas, la cadera y en general la postura del jinete sobre la silla.