La visión de los caballos depende de un ojo de gran tamaño, del doble que el del ser humano, e incluso más grande que el de un elefante o una ballena. Este ojo que brilla en la oscuridad como el de muchos mamíferos (debido a una capa especial, el capetum lucidum), es también el que lo dota de una buena visión nocturna, al tener recibir una segunda incidencia de luz en la retina.
Detalle del ojo de un caballo.
Esta vista más precisa y nítida tanto de día como de noche, se complementa con un ángulo de visión muy amplio. Un caballo puede ver en tres dimensiones de frente, como los seres humanos, y en dos dimensiones lateralmente (con el ojo de cada lado), sumando un ángulo de visión efectiva de 340º. Esto significa que es muy difícil aproximarse a un caballo sin que detecte la presencia de alguien en su perímetro visual, ya que con sólo girar levemente la cabeza para atrás puede tener una visión casi total.
Las investigaciones actuales afirman que los caballos ven los colores amarillos, verdes, azules y rojos con mayor precisión. Se ha comprobado, además, que un caballo puede reconocer a su dueño al menos a 400 metros de distancia.
Anularle la vista a un caballo, es una forma de controlarlo