Mariscadores del Pacífico (I)


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Fernando Ottone

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Día tras día, los buzos mariscadores se sumergen en los mares del sur de la República de Chile en busca de mariscos para su comercialización. Tienen sus rostros curtidos por la larga exposición a las inclemencias del tiempo y corren peligros propios de la actividad. A pesar de esto parecen felices haciendo esta actividad tan alejada del ruido y del hacinamiento de las ciudades.

Amanecía y las pequeñas olas susurraban mensajes del mar. Los bancos de niebla hacían honor al nombre del lugar, Niebla. Este pequeño pueblo de pescadores y buzos mariscadores está ubicado muy cerca de la ciudad de Valdivia, en el sur de Chile.

Abraham fumaba un cigarrillo mientras caminaba por la playa cubierta de algas. Sus movimientos eran lentos, pero de cierta forma, parecían ayudarle a engañar el frío de la nueva mañana. Una más, en la cual este buzo mariscador se disponía a sumergirse en el mar en busca de moluscos para su comercialización.

A poca distancia, en una caleta de arena, Ricardo, compañero de tarea de Abraham, ultimaba los preparativos en su embarcación. Lo rodeaba una multitud de botes a motor en su mayoría de color amarillo. Si uno olvidara la función laboral que cumplen estas embarcaciones, pensaría que fueron puestas allí para embellecer aún más, el paisaje de la Bahía de Corral.


Mariscador del Pacífico
Mariscador del Pacífico chileno desempeñando su labor.

Uno de los hombres comenzó a acercarse al otro que lo esperaba, dejando atrás a sus colegas que pululaban en la arena preparándose también para el trabajo. Una vez reunidos, el motor fuera de borda empezó a empujar la embarcación hacia las aguas del Pacífico. Tras unos veinte minutos de navegación, eligieron un lugar para echar el ancla. Al detenernos, el mar se mostró tranquilo y esa extraña paz que engendra cuando quiere, se instaló en nosotros. Abraham cambió su ropa de abrigo por el traje de neoprene. Calzó la máscara en su cara, las aletas en sus pies y el lastre en su cintura. Recordó, tal vez, a sus dos hijos y las tres embolias que sufriera haciendo este trabajo, las cuales pudieron haberle costado la vida y una vez más, se hundió en el mar. El silencio que dejó fue perturbado por el petardear del compresor que Ricardo puso en funcionamiento. Con este elemento y a través de una larga manguera, le enviaba aire a su compañero. Este sistema se llama buceo con juca, por ser éste el nombre que recibe el regulador de aire que se lleva en la boca. Antiguamente este trabajo se hacía con pesadas escafandras, pero con el paso del tiempo fueron reemplazadas por equipos más livianos y cómodos. Con este sistema de bombeo de aire, pueden trabajar hasta tres buzos a la vez, durante varias horas seguidas.



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