No hay excusa para no tomarse unas cortas vacaciones de vez en cuando además de las de verano o invierno, y para quien vuela aeronaves ello debe ser la norma más allá de lo que digan las regulaciones y reglamentaciones que, por otra parte, indican la necesidad del descanso frecuente para las tripulaciones.
En la disciplina conocida como factores humanos, muy utilizada en accidentología, en aviación y otras disciplinas en las que se estudia el comportamiento de las personas con tal de prevenir errores serios, se sabe que las personas tienden a equivocarse o a disminuir su productividad una vez que alcanzan cierto nivel de saturación en sus actividades diarias.
Entonces, se debe tratar de obtener la mayor seguridad y la máxima eficiencia en el trabajo; en definitiva, eso es lo que todos queremos. Por eso resulta contraproducente tratar de trabajar sin descanso, pues incrementamos la posibilidad de cometer errores, y cuantos más errores tengamos para corregir, mas costo tendremos.
Este Luscombe se accidentó debido a la falta de atención de su piloto.
Hay suficiente tiempo para trabajar y ocuparse de las cosas; en la vida también hay que tomarse descansos y disfrutarla, porque sino, de nada nos sirve el trabajo. Somos partidarios de la realización de pequeños viajes y escapadas propias del mini turismo, y no del trabajo a destajo.
Esto no significa de ninguna manera fomentar la holgazanería sino un mejor estilo de vida para todos, y una mayor productividad también, porque lo que importa es trabajar eficientemente, y no simplemente hasta caer en el suelo. Eso no tendría ningun sentido.
Un piloto ya no vuela bien después de permanecer al mando de una aeronave durante tres horas seguidas; por ello es que muchas aeronaves pequeñas, propias de la aviación general, han sido diseñadas con una autonomía ligeramente superior a este lapso de tiempo, con reservas de combustible.
Los vuelos de larga duración siempre deben hacerse con un mínimo de dos tripulantes.